miércoles, 16 de febrero de 2011

¿PUEDO IR AL SERVICIO?



¿Puedo ir al servicio?, pregunté al cura cuando la clase aún no iba ni por la mitad. Naturalmente la respuesta fue negativa -era norma del colegio- y no me quedó más remedio que aguantarme las ganas y los retortijones de tripas hasta que concluyera la clase. Supongo que ustedes habrán vivido alguna vez una situación similar, así que no me voy a explayar explicando qué se siente cuando se pasa por ese trance, ni recordándoles ese sudor frío que te empapa cuando percibes esa angustiosa sensación de que ya no resistes más.

En otro colegio cualquiera lo normal habría sido acudir a los retretes del mismo al terminar la clase, pero la magna institución que yo tenía por escuela era peculiar hasta cuando de evacuar el vientre se trataba. Si acudías con ánimo de defecar al servicio del cole (y no me refiero al servicio religioso, Dios me libre), lo más probable es que cuando estuvieses en plena faena, con los pies correctamente colocados sobre las marcas con forma de suelas que se encontraban en el piso para tal fin, se abriese de súbito la puerta -que carecía de cierre, claro está- y alguien te golpeara en la frente, cayendo sentado irremediablemente sobre tu propia mierda.

No, no voy a culpar a los curas por no haber podido cagar dentro del recinto del cole -como mucho eran culpables del abandono en que e encontraban los excusados- pero el caso es que me vi obligado a buscar una solución alternativa.

Salí del cole corriendo y me dirigí al quiosco que había justo en la parada donde solía coger el autobús de regreso a casa. Les juro que cuanto más me iba acercando mayor era la sensación de que no llegaba (ustedes también conocen esa impresión, ¿verdad?)

Cuando pedí permiso a la quiosquera para utilizar su váter, me lo concedió con cara de pocos amigos. Una vez dentro, como era un niño obediente, seguí al pie de la letra las indicaciones que siempre me recalcaba mi madre: "Si tienes que hacer caca fuera de casa acuérdate de no sentarte, que puedes coger alguna enfermedad"

Claro está que a nadie le gusta cagar a pulso, pero lo primero es la salud, así que bajé los calzones, apoyé las manos en las rodillas, efectué una leve presión con los músculos abdominales y . . . ¡choff!

Permítanme que haga un inciso antes de continuar relatando los hechos, pero no me quedaría tranquilo si no les explico detalladamente a qué me refiero cuando utilizo la expresión "choff". Pues bien, dicho de forma sencilla "choff" es ese chapoteo que a ustedes les salpica las nalgas tras efectuar una deposición. Y ahora, con su permiso, voy a retomar la historia en el punto en que la habíamos dejado.

¿Choff?, pero . . . ¿dónde está el choff? Me di la vuelta imaginándome lo peor. Efectivamente: con las prisas no había descubierto el inodoro y evacué encima de la tapa. Intenté tranquilizarme y buscar una solución, pero lo único que se me ocurrió fue salir por pies. Así que me limpié la parte del cuerpo que se suele limpiar en estos casos, adorné después con el papel la montaña de excremento que había dejado sobre la tapa y me despedí de la señora muy agradecido.

Y como supuse que la quiosquera se acordaría de mi madre y, lo que es peor, también de mi cara; pues cambié de quiosco y de parada de autobús. Pero no crean que tomé tal decisión por cobardía, ni mucho menos. Solo es que si me pilla me cago de miedo y, claro, comprenderán que no es plan.

6 comentarios:

  1. claro, tanto activia tanto activia.....a no, que entonces eran del tarro de cristal de danone.
    Me divierten mucho tus relatos
    un abrazo

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  2. Sí Susana, ¿aún te acuerdas?. Los yogures venían en tarro de cristal, y se debían consumir muy poco (al menos en mi casa).
    Me alegra que te gusten mis "oñeradas". Un abrazo.

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  3. Oñera, asi me hace llorar reir!!!
    Siempre de buen humor y con historias deliciosas..rsrsr
    És una figura.
    Un fuerte abrazooo

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  4. Contento de que te guste la historia, Nil. Si consigo que alguien pase un buen rato mi objetivo está cumplido.
    Un fuerte abrazo.

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  5. He leído lo de los yogures, ja , ja. Creía que te tenía siguiendo, pero ahora no te me escapas. <Si no te pongo nada es por falta de tiempo.
    Ah! Por muchos que comas (que muchos no son lo que dicen, sólo derivados de leche) si no te toca el sol unos 20 minutos no se sintetiza en calcio para los huesos y si es que tu organismo no lo deshecha... No es tan simple como parece, así que no llo pases mal comiendo tantos.

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  6. Me alegra verte por aquí Maria Antònia. Prometo no escaparme.
    Un abrazo.

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