lunes, 14 de marzo de 2011

LA, LA, LA



Aquel día de primavera se adelantaba la hora de la cena en todos los hogares españoles (merienda-cena llamaban en mi casa a esto), y después las familias se reunían entorno al televisor. Por supuesto que los demás días del año también se veía la tele, pero era ésta una ocasión especial que sólo se repetía una vez cada año. Flotaba en el aire como un cierto nerviosismo y en mi casa -supongo que en sus hogares sucedía algo similar- veíamos aquella retransmisión con una ilusión fuera de lo común.

Ya habrán adivinado que el programa al que me refiero es el Festival de Eurovisión, ese concurso que ganamos en una ocasión y en otra compartimos el primer puesto con medio continente.

En los lejanos años de mi niñez todo el mundo esperaba repetir de nuevo aquellos éxitos, de ahí aquel seguimiento masivo por parte de toda la población: ¡nada menos que el 100% del share en hora de máxima audiencia! (es posible que ayudara el hecho de no tener TVE ningún tipo de competencia y el que su otra cadena, el UHF, sólo llegara a los receptores de un número aún reducido de televidentes)

Sea como fuere, el Festival de Eurovisión levantaba pasiones créanme, y todo el país, chiquillos incluidos, aguantaba estoicamente aquel desfile de cantantes -melenudos y vestidos de mamarrachos la gran mayoría- a los que no entendíamos ni media palabra.

Pero todo era poco con tal de ver la participación de nuestro cantor, aquel hombre (o mujer, según el caso) que nos iba a representar allende nuestras fronteras. Les confieso que cuando por fin aparecía en el escenario se me ponía la piel de gallina. ¡Y qué guapa estaba!. O qué elegante, cuando era hombre. ¡Y qué bien cantaba!. El mejor de todos , sin duda.

Cuando el último participante concluía su actuación, el país organizador ofrecía un reportaje alabando las excelencias de su tierra mientras que el jurado se reunía para deliberar. Después las puntuaciones. ¡Qué nervios, señores!. ¡Qué ansiedad, qué angustia!. Lo recuerdo como si de ahora mismo se tratara:
-Llunáitelquindon, ten poin, Guallámini, dis puan.
-¿Quién son esos?
-Inglaterra, ¡calla, calla!
-Llérmani, for poin. Lálemañe, catre puan.
-¡Qué barbaridad, a esos siempre los votan!
-Calla, calla, que le toca a España.
-Naaada, otros que nos pasaron en blanco.
Un jurado tras otro pasaban sin dar un solo voto a nuestro país, hasta que de repente alguien puntuaba nuestra canción -Portugal pongo por caso- y entonces sentías como algo conmocionaba tu interior.
-Espein, guan poin. Laspaña, an puan.
-Ya os lo decía yo: ¡tenían que haber llevao a Manolo Escobar!
-¡O a ese otro que tanto me gusta a mí!
-¿A quién?
-Coño, a ese de la corbata grande.
-Ah, Luis Aguilé.
-¡Ese, ese!
Después te acostabas y tus padres te daban las buenas noches con un beso que no conseguía aliviarte ese resquemor que notabas cuando veías que tu país había quedado en la parte baja de la clasificación. Y para colmo en mi casa a nadie le gustaba el fútbol, que a los que sí siempre les quedaba el Sporting.

¡Y el gol de Marcelino, qué caramba!

10 comentarios:

  1. Jajajajaja, Oñera! eres genial, amigo!! de verdad de la buena.
    ¡ Qué recuerdos más bien expresados!
    Oñera, ten point.
    Un abrazo.
    Beni.

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  2. Buenísimo!!!! La pronunciación es "clavadita". Gracias por estos momentazos. Yo también te doy dis puan.
    un abrazo

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  3. Hola Beni. Como bien dices sólo son recuerdos que me gusta compartir.

    Es lo que tiene ser políglota, Susana: ¡domino perfectamente la pronunciación en cualquier idioma! (más o menos como el resto de televidentes de aquella época)

    Gracias por dedicar un poco de vuestro tiempo a leer mis "oñeradas"
    Un abrazo.

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  4. Alucinante, Onera: hacía tiempo que no me reía tanto. No conocía esta faceta tuya para la redacción, seguro que has ganado algún concurso...eres un verdadero artista. Además me has evocado recuerdos que tenía semi olvidados. En la actualidad creo que resultaría difícil encontrar un hogar en España donde se repita la escena que nosotros vivimos con Eurovisión, todos en torno a la tele sin decir ni pío y con absoluta admiración hacia nuestro cantante y hacia todo aquello que sonase a extranjero. Mis dis puan van para Onera.
    Un abrazo.

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  5. Estupenda narración de esos momentos que yo también pude vivir un poco más tarde que tu. También en mi casa se decía merienda-cena, y sigo diciéndolo. Un saludo.

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  6. Gracias José Luis. Me alegra haberte hecho sonreír (seguro que te viene bien).
    Tienes razón: hoy vivir algo así sería impensable.

    Gracias también, Juan Carlos. Es fantástico eso de la merienda-cena, sobre todo porque casi siempre se hace en fechas especiales.

    Un abrazo.

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  7. Muy bueno, Oñera!! jajjaja
    Es cierto..yo también recuerdo el día del concurso de Eurovisión como algo especial. De hecho, ahora cuando lo televisan, me provoca como una especie de nostalga amarga por no tener nada que ver.
    No es que antes fueran las canciones nada del otro mundo, pero ahora con el "perrea, perrea...Baila el chiqui, chiqui...."
    Ups.........Vuelvo a mis auriculares....sin duda alguna

    Un abrazo!

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  8. Gracias Anais. Sólo son recuerdos de cuando era un chiquillo, allá por los años sesenta. Me alegra que te gusten.
    Un abrazo.

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  9. Jajaja!!! Me he divertido mucho con esta historia, Oñera.
    Nosotros teniamos el concurso OTI, (de televisoras iberoamericanas), pero el mas famoso entre la gente era el concurso nacional "Adolfo Guzman" (llamado asi por un celebre musico de la isla), que nos tenia a todos pegados a los asientos frente a la tele igual que en esta estampa. Bien contado!

    Ah! Y en mi casa tampoco gustaba el deporte, que alla era el baseball, no el futbol!

    Abrazo!

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  10. ¡Qué bien que te guste, Pelusa!. Como ves, a pesar de la distancia, no somos tan distintos (por mucho que pese a algunos)
    Gracias y un abrazo.

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