domingo, 15 de mayo de 2011

MISA DE DOCE



Los padres siempre quieren lo mejor para sus hijos y, en aquella ocasión, los míos pensaron que sería fenomenal que mi hermano y yo asistiésemos los domingos a misa de doce.

Por otra parte los hijos también quieren lo mejor para ellos mismos, así que el enano y yo pensamos que sería chachi irnos a otro sitio mientras en casa piensan que estamos en la iglesia, quedando contentos de esta forma tanto progenitores como retoños (ya saben: ojos que no ven . . .)

Pero . . . ¿dónde meternos durante una hora sin que nadie nos vea y vaya con el cuento a nuestros padres?. No tuvimos que pensar mucho para dar con la respuesta: nos esconderíamos en unos recreativos. Por supuesto escogimos El Maño, la mejor sala del barrio, un sótano que bien podría ser la antesala del paraíso.

Y es que en El Maño había de todo: las mejores máquinas de petacos (pinballs creo que las llaman ahora), futbolines, billares, mesas de ping-pong y hasta máquina de discos. Pero, contra todo pronostico, aquellas mañanas dominicales las dedicábamos a la lectura, ya que en aquel sótano podías alquilar las últimas novedades en lo que a tebeos se refiere por el módico precio de dos reales.

Lo que no se pueden imaginar es la cantidad de cómics –esa palabreja antes no se utilizaba, claro– entre los que podías elegir. Los había de superhéroes americanos como Superman, que yo a ese no me lo leía porque era a todo color y el Maño te cobraba una peseta. En cambio me conformaba con El guerrero del Antifaz que era español, en formato apaisado, con viñetas en blanco y negro y a mitad de precio.

Otro héroe nacional muy célebre entre la clientela de El Maño era Roberto Alcázar, famoso aventurero español conocido en todo el mundo por sus maravillosos resultados en la lucha contra el crimen. Siempre iba acompañado de Pedrín, un chiquillo que en vez de ir a la escuela se dedicaba a ayudar al protagonista a repartir leña a los malos. ¡Cómo nos gustaban aquellas historias de Roberto Alcázar y Pedrín!. Y es que Roberto es el más sagaz, intrépido, valiente, elegante e inteligente personaje que se puede encontrar en una viñeta, aunque a mí siempre me mosqueó el hecho de que nunca se le conociera novia alguna.

Los que sí que tenían novia eran El capitán Trueno y El Jabato, que eran igualitos solo que diferentes. Los dos cortejaban a una princesa extranjera (a una distinta cada uno, claro), que como no eran españolas pues podían viajar con ellas por medio mundo sin casarse ni nada. También tenían un amigo gordo y forzudo cada uno (¿quién no recuerda a Goliat y a Taurus?), y otro enclenque y miedica, que siempre da mucho juego a los guionistas (¡inolvidables Crispín y Fideus de Mileto!)

Otros tebeos muy alquilados eran los ambientados en el oeste, como por ejemplo Red Rider y Hopalong Cassidy (uno de los dos era sheriff, pero no recuerdo cual), aunque a mí me gustaba más El llanero solitario, famoso por repartir balas de plata a diestro y siniestro –sobre todo a siniestro– acompañado de aquel indio bueno que se llamaba Toro.

También tenían mucho éxito las historietas ilustradas de Tarzán, y las de La Masa –años más tarde supimos que su verdadero nombre era El increíble Hulk–, y las Hazañas Bélicas, y . . . ¡tantos otros de los que ya ni me acuerdo! (ya se sabe que la memoria, siempre caprichosa y selectiva, suele hacer esas jugarretas)

Sería imposible calcular cuantas horas disfrutamos con aquellos personajes o la cantidad de historias distintas que leímos. O las veces que intercambiamos aquellos folletines a escondidas para poder leer dos por el precio de uno.

Hasta que un mal día se inundó el local y el Maño tuvo que llamar a Pepe Gotera y Otilio para que reparasen la avería. Pero como a los muchachos nos pareció que aquello era un complot del párroco para obligarnos a ir a la iglesia, avisamos a los agentes Mortadelo y Filemón que, tras unas cuantas pesquisas, descubrieron que un botones llamado Sacarino había dejado el grifo abierto. Y como en medio de tanto trajín un tal Rompetechos confundió aquello con una piscina, pues se puso a chapotear, nos salpicó y llegamos a casa con la ropa empapada.

Así fue como descubrieron mis padres que los domingos no asistíamos a la celebración de la Eucaristía en la casa del Señor.

¿O sería porque el enano de mi hermano se fue de la lengua, el muy chivato?


A Ibáñez y demás genios que, viñeta
tras viñeta, consiguieron que nuestra
infancia fuese un poco más féliz.

12 comentarios:

  1. Que buen homenaje al cómic.
    Menudo par de traviesos.....estilo Zipi y Zape.
    un abrazo

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  2. Mas bien un homenaje a los tebeos, que es como los llamábamos antes. Personalmente siempre me gustaron más las historietas de Ibáñez que las de Escobar.
    Gracias Susana y un fuerte abrazo.

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  3. Eres genial Oñera!!! Cómo en pocos minutos me has hecho recordar todos esos momentos pasados en aquella época. La mía, distinta pero parecida, porque tengo más años, pero recuerdo perfectamente todos esos personajes que mencionas.
    Yo, por estar educado con curas, también leía "vidas ejemplares"... Un rollo patatero! pero me obligaban leerlo!
    También leí "florita", no porque tuviera ninguna inclinación a quello que podéis pensar, no, sino porque tenía una hermana y con ese semanario, me deleitaba viendo muchachas, sus formas...y sus problemas!
    Un cura del colegio, me descubrió fotos de actrices sacados de esas historietas y estuvieron a punto de expulsarme del colegio y de excomulgarme... Aún recuerdo un sermón en el que hicieron mención de que cuando en un arbol hay una manzana podrida... Iba dirigido a mí.
    Gracias, por recordármelos y hacerme pasar ese ratito tan agradable!
    Un abrazo.

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  4. Jajajaja....esa historia me suena muchísimo...
    Pero a mí no me pillaronnnnnn

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  5. Genial, Oñera! ^^
    Chicos, entre amigos: es que menuda diferencia pasarse una hora leyendo cómics "u otras hierbas" a pasarla escuchando al cura de turno del domingo...... "Annnnnde" va a parar!! ggggg
    Un abrazo!

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  6. Cada uno leyó los cómics propios de su época, Joshemari.

    Pues tuviste más suerte, Fernando. Ya veo que no era el único que pasaba de ir a misa.

    Ni punto de comparación, Anais. ¡Vas a comparar un tebeo con el sermón de Don José!

    Gracias a los tres por dedicar unos minutos a mis "oñeradas". Un fuerte abrazo.

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  7. Oñera está fabuloso ese repaso por los tebeos de la época. Donde yo vivo, los sábados hacian un mercadillo, y alli se podian cambiar los tebeos pagando una pequeña cantidad de dinero.
    Yo leía unos de SPIDER, que no era SPIDERMAN, un tio que llevaba la tela de araña en unas botellas a la espalda. También me gustaban los de HAZAÑAS BÉLICAS, una pasada.
    Un saludo

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  8. Recuerdo que nuestras madres cambiaban (bajo pago, claro) sus fotonovelas y sus novelas de Corín Tellado. Y que nuestros padres hacían lo propio con las novelas del oeste de Estefanía. Pero no recuerdo que lo hiciéramos los chiquillos con nuestros tebeos.
    Tampoco recuerdo los cómic de Spider. Los de Hazañas Bélicas sí que eran una pasada (nosotros emulábamos sus batallas con nuestras metralletas de madera de caja de fruta)
    Gracias Juananto. Un fuerte abrazo.

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  9. Muy bonita historia, y me encanta tu tebeo "Tolón Tolón" : )
    Hopalong Cassidy el era sheriff ; )
    por cierto, mi blog:
    http://ilustradoresehistorietistasespaol.blogspot.com.es/

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    1. ¡Así que el sheriff era Hopalong! En mis recuerdos se mezclan los dos cómics, e incluso entra otro en discordia: Gene Autry.
      ¡Fantástico tu blog de historietistas!
      Un abrazo.

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    2. Gene Autry era un cantante vaquero, el más importante, y en él se basaron para hacer el cómic.
      Gracias amigo por seguir mi blog Historietistas Españoles, me alegra mucho que te guste : )

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    3. Por los buenos momentos pasados estoy en deuda con el comic, así que es un placer seguir tu blog.
      Un abrazo Sadeu.

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