sábado, 17 de diciembre de 2011

NAVIDAD, ERRE QUE ERRE



Este año me pilló despistado. La Navidad, digo. Llegó de repente y se me echó encima como a traición, cuando menos la esperaba. Sí, ya sé que es difícil pero ocurrió. A pesar de la interminable retahíla de anuncios de colonia en la tele y de los catálogos de juguetes que cada dos por tres aparecen en mi buzón. A pesar también de que las grandes superficies ya llevan dos meses vendiendo turrón, engalanadas con toda clase de brillantes ornamentos propios de tan señaladas fechas. Y a pesar, sobre todo, de que la dichosa lotería ya está a la venta desde los calurosos días del verano. ¿Y si cae aquí?, preguntaba un cartel de una céntrica administración cuando volvía tranquilamente de la playa arrastrando las chanclas una tarde de agosto. ¡Pues que caiga, coño!, pensaba yo camino de la ducha y con la mente puesta en una cervecita bien fría.
Me pilló despistado, decía, lo que me obligó a comprar los regalos en plena vorágine navideña. Uno que, siempre previsor, acostumbra a adelantar las compras y nunca había vivido semejante experiencia. Pero este año ahí me tienen en medio del tumulto, frente a un escaparate con falso vaho en los cristales buscando desesperadamente un detalle que me saque del apuro, mientras un Papá Noel de barba carnavalera –ho, ho, ho– se empeña en dar un caramelo a una niña que, aterrada, intenta esconderse entre las piernas de su yaya. Es por la ilusión, trata de justificarse la abuela. Pero… ¿qué ilusión, señora? ¡La niña tiene miedo! ¿Y quién no? ¿No ve que es igual que el hombre del saco vestido de mamarracho?
Entré en la tienda, dejando al falso Santa Claus (si es un tío… ¿porqué le dicen santa?) tocando la campana sin dejar de hohohear. ¡Qué gentío! ¡Qué jolgorio! ¿Tanto me despisté que ya son las rebajas de enero? No amigos, porque el establecimiento en cuestión incita a la compra masiva de regalos navideños haciendo sonar por el hilo musical uno de esos villancicos importados que todo el mundo conoce:
Güigüichu a merri crismas / güigüichu a merri crismas / güigüichu a merri crismaaaas / ana japi niu ller
Después de un buen rato sufriendo empujones derivados de la euforia colectiva encontré lo que buscaba para mi mujer (y si no le gusta no importa señor, porque tenemos cheque-regalo para que lo pueda cambiar por el artículo que quiera). La verdad es que a mí sí me importa el hecho de que mis regalos gusten o no a su destinatario, pero en ésta ocasión no me quedó más remedio que arriesgar. Cogí el artículo en cuestión y me dirigí a la caja. ¡Qué cola! ¡Qué jaleo! ¿Lo regalan o qué?
Señorita Lorena acuda a línea de caja
¡Pues me van a dar aquí las uvas! Habrá que armarse de paciencia. ¿Es usted el último? No, la última es usted que acaba de llegar. Mientras tanto música ambiental con otro tema navideño de allende nuestras fronteras:
Adeste fideeelis / Felipe adoremus / Felipe adoreemus…
¿Felipe? ¿Quién será Felipe? Yo siempre pensé que a quien se adoraba era al Jesusito de toda la vida. La señorita Lorena tiene unos ojazos color violeta como mínimo de la talla tresequisele, y con su llegada parece que la cola avanza un poco más rápido. En los altavoces cambio de tercio para deleitar al personal con la voz de Bin Crosbi y su
Llinguelbel, llinguelbel / llinguel ol de güei…
A este le quería ver yo rascando la botella de Anís del Mono con la cucharilla de café y cantando a voz en grito el
Arre borriquito / arre burro arre / arre borriquito…
¡Qué mala leche tiene usted, con lo mal que pronuncian la erre los extranjeros! Pues también es verdad. No sé, déjeme pensar… otro cualquiera, por ejemplo:
Ay del chiquirritín chiquirriquitín / metidito entre pajas / ay del chiquirritín chiquirriquitín…
La señorita Lorena hizo un lazo, que con destreza sujetó a mi regalo –bueno: al de mi mujer– mediante un pequeño adhesivo en el que reza la inscripción “Deseo que te guste” (lo de “y si no te jodes y vienes con tu vale-regalo a intentar cambiarlo por otro artículo en plenas rebajas de enero” no les debía caber en la pegatina). ¿Tarjeta o efectivo?, preguntó mientras me tenía obnubilado con el tamaño de sus ojos (y, si he de ser sincero, con el de su escote también).
El Papá Noel de pega sigue asustando a los niños, enfundado en su ridículo pijama rojiblanco. Aún me quedan regalos por comprar, así que me voy en busca de otro comercio donde seguro me espera una legión de sonrientes señoritas Lorenas, con su maestría haciendo lazos y paquetitos, sus ojazos y sus escotes. Y donde, no les quepa duda, puedo volver a escuchar –esta vez en versión chilau– güiguichus, Felipes y llinguelbeles.
Antes, en la calle iluminada con luces de colores y abarrotada de gente cargada de bolsas y paquetes, me cruzo con un grupo de chavales que, armados con panderetas de plástico, piden el aguinaldo entonado el
Hacia Belén va una burra rinrrín / yo me remendaba yo me remendé / yo me eché un remiendo…
Echo un par de monedas en el bote y continúo contento mi camino. Y es que cantan que da pena oírlos, pero... ¡qué bien pronuncian las erres los jodíos!

6 comentarios:

  1. QUE BUENO!!!
    que dificil es y que bien escribes estos relatos.
    Espero que hayas acertado en la compra, seguro que si, y que el regalo le gusta mucho a tu esposa.
    un abrazo

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  2. Ay, Oñera, cuánto me alivia ver que no soy la única a quien se la ha echado encima la navidad; ayer tarde, con un viento del carajo, andaba yo intentando zafarme de mi señor marido para ejercer mi derecho a compra, pero no, él, muy atento, no me fuera yo a volar, y con la mosca tras la oreja, se me colgó del brazo, así que solucioné lo de las niñas, espero que al menos sepa guardar silencio, porque se le suele escapar..grrr, mira en una cosa sí que estamos acá más propios: el vaho en los escaparates es totalmente natural, jii. Así que acá ando, sábado 17 y sin el regalo para mi santo, que como siga atado a mí, o me lo cargo, o se queda sin regalo navideño...
    PD: con tres guitarras en casa y dos panderetas, desde el ande ande, al chiquirritín,o pero mira,o madroños al niño no le demos más... o sea los de toda la vida, va a caer lo que no está escrito (luego que no le echen la culpa al cambio climático, jejeje)
    Abrazotes....

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  3. Simplemente magistral!

    Un placer leerlo!

    Saludos amanecidos desde mi playa azul...

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  4. Es fácil acertar, Susana: si brilla y se puede poner en un dedo, en la muñeca o alrededor del cuello, casi seguro que le gusta.

    Mira que viene avisando desde hace tiempo, Margarita. Y nada: ¡nos pilló desprevenidos"
    En cuanto a los villancicos, nada de importaciones. ¡Los de toda la vida y pronunciando bien las erres"

    Gracias Algamarina. Me alegra que te guste.

    Abrazos.

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  5. De maestría nada, Sadeu. Sólo cuento lo que veo.
    Gracias por la visita. Un abrazo.

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