jueves, 19 de abril de 2012

EL CAMINO SIN FIN


TALLER DE NARRATIVA
Ejercicio - Escribir un relato (2 folios) según la siguiente premisa: Una pareja regresa de un viaje y descubre que en todas las fotografías salen sin cabeza o con ella borrosa.
I
Entró mirándolo todo con aparente indiferencia. Ya eran muchos años en la policía para que algo le sorprendiera o, de ser así, permitir que los demás se percataran de ello. El piso estaba impecable, limpio, ordenado. Como de revista de decoración. Clase media alta pensó mientras observaba un Úrculo original, de pequeño formato, en la pared del hall. Siempre le habían gustado esas composiciones del artista con maletas y sombreros.
-Hola jefe.
-¡Qué hay, chaval! ¿Qué tenemos?
-Una pareja. 69 y 67 años. Tumbados en la cama y vestidos como pa ir de boda. Dejaron una nota: “este no es el final del camino”
-¡Joer! La gente cada vez está peor de la azotea. ¿Cómo nos enteramos?
-Una vecina, que echó en falta a la vieja en misa estos últimos domingos.
-¿Se sabe qué se metieron?
-Ni envases de pastillas ni jeringuillas. Habrá que esperar el resultado de la autopsia.
-Pues vete preparando el informe y mañana lo firmo.
-¡Qué bien vivimos, jefe! ¡Aquí ya se sabe quien es el pringao!
-Cortar y pegar, chaval. No te quejes, antes los pringaos hacíamos el papeleo aporreando la Olivetti- se despidió el inspector tras detenerse de nuevo frente a la pequeña obra de Úrculo.

II
Era la última foto del Camino. La del Apóstol Santiago. Enfocó la imagen del Santo desde el centro de la Catedral y salió sin prisa a esperar a su esposa en la Plaza del Obradoiro. ¿Pero qué tendrá que confesar esta mujer?, se preguntó como si le pillara de sorpresa después de tantos años compartidos. La verdad es que se encontraba bien allí, entre cientos de personas que, como ellos, habían concluido la última etapa. Hoy nada de albergue en cuarto compartido con otros peregrinos, ni de lavar ropa a mano en un grifo de agua fría. Tenían reserva en un buen hotel, con sauna y spa. Y al día siguiente de vuelta en casa.
Cuando descargó las fotos al ordenador pilló un cabreo monumental. No había salido ni una bien. Su mujer trató de calmarlo, pero no se avenía a razones. Ni una… ¡no se nos ve bien ni en una! ¡Todas con la cabeza borrosa! Trató de arreglarlo con el Photoshop, pero parecía que el desaguisado no tenía remedio. Al menos hasta donde alcanzaban sus conocimientos en el tratamiento de imágenes. Lo dejó por imposible. Además tenía el estómago revuelto y una jaqueca de mil demonios.
Su mujer ya había comenzado a sentirse mal durante el viaje de regreso. Dolor de cabeza, malestar general, vómitos. ¡Cerca de los setenta y embarazada! ¡Estoy hecho un chaval!, le dijo él con su sempiterna ironía. Ella sonrió negando levemente con la cabeza, como si sus bromas le provocasen tanto apuro como cuando eran novios, hace casi cincuenta años.
El médico de familia les diagnosticó cansancio debido al esfuerzo realizado durante las últimas semanas, y les recetó descanso y vitaminas. Pero lo cierto es que, según pasaban los días, los síntomas empeoraban. Buscando alivio consultó en la red, mas los diagnósticos on line no aclararon nada. De hecho coincidían con lo que les había dicho el especialista al que acudieron después en busca de una segunda opinión. Nada que no se arreglase con unos días de relax.
La cámara digital aún estaba en garantía. Debería llevarla a arreglar, pensó. Pero no se encontraba con ánimo. Ya pasaría por la tienda cuando se sintiera mejor. Para evitar que se le olvidase la dejó sobre el mueble de la entrada, justo debajo de ese cuadro de Úrculo del que le gustaba presumir cuando había visitas.
Las migrañas cada vez eran más fuertes. Parecía que le iba a reventar la cabeza. Y ella aún estaba peor, todo el día devolviendo no se sabe el qué, porque hacía días que apenas comían.
Ya ni sabían cuanto tiempo llevaban así. Sin salir de casa. Sin ver a nadie por causa de aquel dolor de cabeza que les estaba volviendo locos. Hasta aquel día en que se sintieron aliviados. Seguían agotados, sin fuerzas, mareados, con nauseas… Pero al menos había desaparecido aquella horrible migraña. Era una sensación extraña, como si se hubiese hecho el vacío dentro de sus cabezas. Como si se tratase de continentes sin ningún contenido en su interior.
Ninguno de los dos dijo nada. Se vistieron mecánicamente, despacio, escogiendo las prendas con sumo cuidado. Después se tumbaron en silencio sobre la cama, encima de la colcha.
Ella ya casi no estaba allí cuando le oyó decir con un hilo de voz “Pues sí que tuvimos un embarazo malo de cojones”. Esta vez no se sonrojó, ni se sintió incomoda con el comentario. Sólo cerró los ojos esbozando su última sonrisa.

III
Si no tuviese que ir a la comisaría a firmar aquellos jodidos papeles se habría quedado en la cama. Tenía fiebre y le dolía todo el cuerpo, especialmente la cabeza. Es lo que tiene ser inspector de policía, se dijo tratando de animarse. Cuando llegó a la cocina la vio aún en pijama y con el pelo alborotado, sentada a la mesa con los ojos cerrados, sin prestar atención al noticiario de la tele.
-¿Qué te pasa? ¡Tienes mala cara!
-Estoy fatal. Pasé la noche vomitando.
-Algo nos debió sentar mal. Yo tampoco estoy muy católico.
-Todo me da vueltas. Me voy a la cama. Por cierto: los vejetes esos que te vendieron la cámara te timaron. Está estropeada. ¡No saca una foto buena!
Le mostró en la pantalla las últimas fotografías, realizadas la tarde anterior. Salía en todas con la cabeza borrosa. Siguió retrocediendo. Un par de instantáneas de él en el salón, cuando le regaló la cámara y ella quiso probarla. También con la cabeza nebulosa.
-Si es que… ¡Ni el Cristo éste sale bien!
-No es un Cristo. Es Santiago Apóstol.
-Pues también sale con el tarro borroso.
-Acuéstate, anda. Me acerco al curro y regreso en cuanto pueda.
La ayudó a llegar al dormitorio. Después pidió un taxi desde el teléfono de la sala. No se encontraba con fuerzas para conducir. Mientras, en la pequeña televisión de la cocina, la locutora daba paso a un corresponsal en Galicia, que informa sobre un desconocido mal que está afectando a la imagen del Apóstol:
Las autoridades eclesiásticas guardan silencio y mantienen cerrada la Catedral, cancelando el régimen de visitas. Los últimos fieles que accedieron a la misma aseguran que la policromía de hombros y cabeza se fue borrando inexplicablemente durante los últimos días. Según hemos podido saber la piedra se está descomponiendo y ya se produjeron pequeñas exfoliaciones y desprendimientos en la parte superior de la imagen. Expertos llegados desde El Vaticano se hacen cargo de la investigación de este extraño suceso, mientras miles de peregrinos se agolpan en las inmediaciones de la Catedral compostelana…

6 comentarios:

  1. Muy bueno, Oñera. Un misterio contagioso. Te felicito.
    un abrazo

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    1. Gracias Susana. Si un solo lector disfruta con el relato, ya me doy por satisfecho.
      Un abrazo.

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  2. C'è uno scrittore nascosto in te , complimenti!

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    1. Sono contento che ti piace la storia, Jane. E 'solo un hobby, come la pittura.
      Grazie mille. Un abbraccio.

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  3. Oñera, me gusta esa tensión que va creciendo lentamente, sin prisa pero sin pausa y cómo has sabido involucrar al lector que va intuyendo, tímidamente anticipandose pero sin saber si estará en el buen camino. También ese toque de humor enmedio de ese anticipo de la tragedia. El final me ha sorprendido: esperaba lo de los polis pero no lo del apostol. Muy bueno, la verdad. Creo que demuestras que, además de tener imaginación, sabes manejar las herramientas del lenguaje. Ergo, combinación perfecta.

    Abrazotes
    PD: me voy a echar un rato. La verdad, no me encuentro bien, me duele la cabeza. Parece que se me estuviera quedando hueca...

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    1. Recuerda que, antes de acostarse, hay que vestirse como pa ir de boda.
      El final debía ser así: ¡tenía que sorprender!. En caso contrario, si el lector ya sabe cómo acaba, el relato no tendría sentido.
      Gracias Margarita. Un abrazo.

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