jueves, 8 de noviembre de 2012

DANDO EL CANTE

TALLER DE NARRATIVA
Ejercicio - Escribir un relato sobre los lugares que ocupaste en las distintas aulas a las que asististe a lo largo de tu vida.

No me acuerdo. Por más que pienso no recuerdo donde me sentaba. Me llegan imágenes imprecisas del colegio, de sus patios y escaleras, de los profesores y algunos de mis compañeros. Pero ni idea de donde me sentaba ni con quien. Cerrando los ojos consigo ver una pizarra y un crucifijo encima, con Franco a un lado y José Antonio al otro, y me recuerdo preguntándome cual de ellos sería el ladrón bueno.


Recuerdo, eso sí, que un año mi pupitre estaba al lado de la ventana. No sé qué curso estudiaba, tercero o cuarto de bachiller quizá, pero me acuerdo de los obreros derribando el cuartel de la guardia civil. Voces y risas al otro lado de la calle. Y golpes rítmicos de piqueta para, poco a poco, acabar con el vetusto edificio.

Me acuerdo también como, los días de lluvia, las gotas de agua se deslizaban por el cableado eléctrico. Diminutos teleféricos que se desplazan colgados del cable. Una gota se traslada lentamente hasta que otra, más grande y rápida, la alcanza, fundiéndose entonces en una sola. Eran pocas las que sobrevivían después, cayendo al vacío como si carecieran de la fuerza suficiente para asirse al cable y resistir el peso de las dos.

Y recuerdo que cantábamos. A todas horas cantábamos. Y no sólo cuando nos llevaban a la iglesia y entonábamos las clásicas canciones de misa. También cantábamos en el aula, claro sin deleite, cualquiera que fuese la asignatura impartida. En clase de geografía, por ejemplo, teníamos una cantinela para los ríos (El Duero nace en los picos de Urbión, provincia de Soria, pasa por Soria y Zamora…) y en la de historia otra parecida para los reyes godos (Ataulfo, Sigerico, Walia, Teodorico, Turismundo, Teodorico II ...). ¡Pero si no nos librábamos de los dichosos cánticos ni en clase de matemáticas! (Siete por uno es siete, siete por dos catorce, siete por tres ...)

Hasta cuando íbamos de excursión cantábamos. No es que aquellas salidas fuera del centro escolar se hiciesen muy a menudo y apenas recuerdo a qué lugares nos llevaban, pero no se me olvida la letra de la canción que entonábamos en el autocar:

Que buenos son
los padres del colegio.
Que buenos son
que nos llevan de excursión.
Que viva España y su tradición
y los padres del colegio
que nos dan la educación.

Durante el mes de mayo  –el mes de las flores, por lo visto–  el tema preferido por la curia en pleno, que teníamos que repetir hasta la saciedad, era aquel que decía:

Venid y vamos todos
con flores amarillas
con flores a porfía
que madre nuestra es.

Me extrañaba aquel empecinamiento por el color amarillo de las flores. ¿Es que no son igual de bonitas si tienen otros colores? Tampoco conocía a esa tal Porfía, que por lo visto madre nuestra era. Me limitaba a cantar mecánicamente, sin pensar si la letra de la canción tenía algún significado. Y me fue bien, hasta aquel aciago día que el cura pasó cerca de mi pupitre y me escuchó cantar la florida estrofa.

–Un momento de silencio por favor, que su compañero nos va a interpretar su particular versión de ésta canción.

Sin dejar de hablar me cogió de la oreja y me llevó en volandas hasta la palestra.

–Cante, cante. Estamos ansiosos por escucharle.
–Pero padre... ¿yo solo?
–Sí señor: usted sólo. Deléitenos.

Siempre canté muy mal, para qué les voy a engañar, pero no creo que fuese el único de la clase con nefastas aptitudes musicales. Así que, sin saber qué era lo que me diferenciaba de los demás, comencé a cantar, ¡qué remedio!

Venid y vamos todos
con flores amarillas...

La carcajada que me impidió continuar fue monumental. Y tras el cachondeo de todos los alumnos de la clase, el sacerdote entró en acción.

–Así que con flores amarillas, ¿eh?

Clock (me dio un capón)

–¡Con flores A MA-RI-A! No amarillas

Clock

–¡A MA-RI-A!

Clock

Y esa es, probablemente, la causa de mi alopecia. Y de que mis recuerdos escolares sean tan vagos e imprecisos. ¡La reiteración de los “clocks” recibidos en la cabeza durante mis años como colegial!

                                                 ______________________________

Algunas partes de esta tontería provienen de un texto que ya publiqué en el blog el día 15 de septiembre de 2011

22 comentarios:

  1. Recuerdo en la guardería que metí la cabeza entre los peldaños del tobogán del patio y tuvieron que venir los bomberos a sacarme. Eso sí fue dar el cante.
    :)

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Eso sí que es todo un cantazo, Sergio. ¡Y con bomberos y todo!

      Eliminar
  2. Dios, como me divierto con tus historias. Vigila con los ladrones, que parece que hay muchos. Las canciones no son originales de Cantabria puesto que en Catalunya cantábamos exactamente las mismas. eso sí, en mi colegio de monjas no teníamos ningún chico tan creativo como tu con sus flores amarillas.
    Tus dibujos, tiernos y bonitos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. A raiz de este relato, me contaron de una niña que cantaba "En bici vamos todos / con flores a María", así que me imagino que habrá muchas más versiones (es un alivio saber que no soy el único al que pasaban estas cosas)
      Gracias Teresa. Un abrazo.

      Eliminar
  3. El dibujo muy acorde con el texto. Me has hecho reir :) Un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Pues sólo por esa risa ya mereció la pena escribirlo.
      Gracias Sonia. Un abrazo.

      Eliminar
  4. Que buen relato Oñera! Me he partío de risa, y me has hecho recordar a algunos elementos del colegio de curas de mi infancia. Un abrazo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Es gratificante saber que mis textos consiguen activar en el lector sus propios recuertos, pero... ¡hacer reir es la leche!
      Gracias Jesús. Un abrazo.

      Eliminar
  5. Qué cachondo eres Oñera!!! Acabo de leer este nuevo ejercicio tuyo y con la sonrisa aún en mi boca tengo que decirte que para hoy, ya me has alegrado el día.
    Eres genial, recordando todo aquello que los mayorcitos hemos vivido y que nos los estás haciendo recordar. Tal cual!! Gracias.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Pues encantado de alegrarte la mañaña, Joshemari. Y también de obligarte a recordar con una sonrisa.
      Un abrazo.

      Eliminar
  6. La verdad que antes, lo de la letra con sangre entra, era una regla a seguir por nuestros profesores. Afortunadamente las cosas han cambiado, y esta bien que alguien lo recuerde con este humor. La ilustracion me ha encantado un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Ahora lo recuerdo con humor, pero entonces maldita la gracia que le encontraba.
      Afortunadamente algunas cosas cambian a mejor, Eva.
      Gacias. Un abrazo.

      Eliminar
  7. Oh, es ist wirklich eine lustige Gruppe. So simple gemacht und so wirkungsvoll. Kompliment.
    Grüsse Dich
    janina

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Nur ein einfaches Bild, um die Geschichte zu begleiten.
      Dank Janina. Eine Umarmung.

      Eliminar
  8. Me parto! tus post siempre tan divertidos, un abrazo y feliz Finde!! :)

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Eso intento, Mari Jose. ¡Para ponernos de mala leche ya tenemos a los políticos!
      Un abrazo.

      Eliminar
  9. Jiiiii, Oñera, ¡¡¡ qué bueno!!!! No sé qué me ha gustado más, pero esos clok del final los he oído, te lo juro. Como si tu cocorota estuviera aquí a mi lado. Parece mentira la de vivencias que tenemos comunes. A mí del instituto me ha quedado el recuerdo de la iglesia que quedaba junto a mi ventana -en mi caso, no sé si por mi estatura, durante mi vida lectiva siempre me senté en primera fila-. Lo bueno era que cada lunes, a las 1o'45 con exactitud inglesa, el pater titular -negado para la conducción- intentaba arrancar su seiscientos; tras veinte minutos de infructuosos intentos, y una vez provocados tal humareda, olor a quemado y ruido que interrumpían la vida lectiva, nuestro profesor de latín acababa por bajar a arrancárselo. Ay, aquellos veinte minutos, más los diez de toma y deje de arranque de mi profesor, eran gloria bendita. Después, desgraciadamente, se instalaba la normalidad...
    Del mes de mayo, recuerdo el olor de las flores, el fresquito en el culete del marmol del mausoleo de la iglesia de mi colegio, y alguna cabezadita fruto de la mezcla del susodicho frescor unido una atmósfera de luz ténue.... Ains qué tiempos...
    Ahora bien, yo que tú pediría a la congregación, al obispado, a la iglesia, al vaticano, al gobierno autonómico y al central, y a los fondos europeos y al tribunal de La Haya un resarcimiento por los daños alopécicos fruto de aquellos cloks a discreción...
    -¡Clok!
    - ¡Aayyyyy!

    Abrazón

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Pues no es mala idea Margarita, creo que me voy a querellar (aunque lo mío ya no tiene arreglo, me temo)
      Ese cura de tu cole era muy moderno. ¡Con coche y todo!
      Gracias por tus fantásticos comentarios. Un abrazo.

      Eliminar
  10. Una narrativa más que buena Oñera. Disfruto muchísimo con tus relatos.

    Un fuerte abrazo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias Rosa. Te aseguro que yo también disfruto escribiéndolos.
      Un abrazo.

      Eliminar
  11. a sweet painting,and a nice story-))))
    kisses from Greece-)
    Christa

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. I´m glad you like, Christa. Thank you very much for your visit.
      A hug.

      Eliminar