domingo, 23 de diciembre de 2012

EL FANTASMA DE LAS NAVIDADES PASADAS



Estos últimos años la Navidad me pilla siempre despistado, como a contrapelo. Se me echa encima cada vez más pronto, así, a traición. Pase que ya sea Navidad en el Corte Inglés sin haber arrancado aún del calendario la hoja del mes de octubre. Pase también que a primeros de noviembre comiencen a volver casa por Navidad todos esos tipos de los anuncios de turrón, con abuelitos tan made in Hollywood y nieve que da en azul de puro blanco nuclear. Pase porque a todo ello ya nos tienen acostumbrados desde hace tiempo.

Pero es que ahora ––y juro que no exagero–– un buen día de agosto vuelves tan tranquilo de la playa y te das de bruces con un escaparate en el que se anuncia que ya hay lotería de Navidad, con un cartelito que te pregunta ¿y si cae aquí? ¡Joder, pues que caiga!, le respondes antes de darte cuenta de que estás hablando con un papel pegado en un cristal.

Esto de pensar en la Navidad antes de la otoñal caída de las hojas es algo serio que me descoloca por completo y me crea cierta desazón. Supongo que quien quiera conocer la razón tendrá que rebuscar en esos posos que uno acarrea desde la infancia. Y es que antes la Navidad no comenzaba cuando a los dueños de unos grandes almacenes les viniera en gana. Ni siquiera llegaba cuando a unos avispados publicistas se les ocurría emitir en la tele spots anunciando productos navideños. Las navidades de mi infancia empezaban con las voces de los niños del Colegio de San Ildefonso cantando los números de la lotería, repartiendo esperanza desde todos los aparatos de radio del territorio nacional. Créanme si aseguro que ese es el instante mágico en que se desataba eso tan cacareado que, si me permiten ponerme un pelín cursi, podríamos llamar el espíritu navideño.
            
––Qué, doña Engracia. ¿No tocó nada?
––¡Nada hija! ¡Ni una terminación siquiera!
––Bueno mujer… ¡pues será para El Niño!
––¡Dios la oiga, que buena falta nos hace!  Usted lo sabe bien...
––Y si no que haya salud, que es lo importante.

Comenzaban entonces a sonar por todas partes villancicos ––Noche de paz, Dime niño, Adeste fideles–– y las calles, grises y monótonas durante el resto del invierno, se iluminaban con miles de bombillas de colores. Tantas postales se enviaban para felicitar las fiestas que el silbato del cartero de mi barrio se ponía al rojo vivo (tres pitidos si la carta era para el tercer piso, dos si para el segundo…) Las tiendas se vestían de gala con espumillón de oro y plata, y cuando la gente se deseaba felicidad casi siempre lo hacía de corazón.
   
 ––Feliz Navidad, doña Engracia.
 ––Igualmente Manolo. ¡Y enhorabuena, que ya me enteré que le tocó la cesta que se rifaba en el Casino!
 ––Gracias doña Engracia. ¡Esta Nochebuena la vamos a celebrar por todo lo alto!
––Pues nosotros también porque... ¿sabe quién viene?
––¿Su hija mayor? ¿La que está en Bilbao?
––¡Sí Manolo, sí! ¡Y los chicos, que ya casi no los conozco! Este año vamos a estar todos juntos.
––Me alegro por usted Doña Engracia. ¡Feliz noche!
          
Eran las fiestas navideñas, ay, tiempo de reunión de familias dispersadas. Y de cestas de Navidad, que nosotros sólo veíamos en las historietas de los tebeos y en el escaparate de La Argentina (qué bonitas eran envueltas en celofán y con aquel enorme lazo rojo en lo alto)

Claro que en el Gijón de mi niñez quién dijo Navidad dijo Verdú, donde mis padres siempre nos compraban a Juanín y a mí un perrito de mazapán con un cascabel atado al cuello.

¿Y para juguetes? Pues Óptica Navarro, por supuesto. Primero en la Calle Corrida, después en Los Jardines de la Reina. El mejor escaparate del mundo para la chiquillería de la época, con un paje de cartón-piedra que sujetaba el buzón donde echábamos la carta para los Reyes.

¿Y el mejor de los belenes? Sin duda el del Sanatorio Marítimo, que era aún más grande que el que armaba mi padre en casa. ¡Qué tío mi viejo!: quitaba la puerta de la salita y sobre ella construía un nacimiento al que no le faltaba de nada. Pero el Belén del Marítimo era otra cosa. Allí vi yo anochecer y volver a amanecer en menos de un minuto, mientras por el cauce del río corría agua de verdad.

Llegaba entonces la Nochebuena con su mantel de hilo y la vajilla de las ocasiones. Sopa de pescado, pixín alangostado y carne asada. Luego, a los postres, a mi madre se le encharcaban los ojos recordando las navidades de su infancia en Cimavilla. De repente, en casa de algún vecino, comenzaban a cantar villancicos ––Hacia Belén va una burra, La marimorena, Los peces en el río–– y cuando sonaban las zambombas mi padre decía que estaban rascando tuberías. Y Juanín y yo nos meábamos de la risa. Y hasta nos dejaban beber un sorbito de sidra El Gaitero (en aquellas copas anchas y abiertas, no en esas estrechas y finitas que se llevan ahora). Más tarde secaba con la manga el vaho de la ventana y veía que en todas las casas había luces encendidas. Hasta los destellos multicolores de los árboles adornados podía ver a través de los cristales. Y me iba a la cama cuando me rendía el sueño, sin que nadie me obligara que para eso era Nochebuena.

La Nochevieja no. La noche de fin de año era otra cosa. Yo creo que se inventó para acabar con los restos de turrón que sobran de la Nochebuena. A mí de la Nochevieja lo que más me gustaba era el día siguiente ––el año siguiente––, cuando nos repartíamos el cotillón que nos había traído Merce. Gorritos, matasuegras, globos, confeti, collares de papel. ¡Cómo se lo debían pasar en aquellas fiestas! Siempre imaginé que aquello tenía que ser el despiporre. Después resulta que, cuando creces y sales en Nochevieja, nadie se pone el gorrito, ni el collar hawaiano. Jamás vi a nadie soplar su matasuegras ni jugar con sus globos de colores. Y tienes que ir con cuidado de no pisar una vomitada. Y el chocolate de las churrerías, excelente el resto del año, esa madrugada no es más que agua de fregar (¡coño que los churros son de goma, no les digo más!). Lo dicho: fiestas de fin de año, lo que se dice fiestas, las de Merce. ¡Seguro!

Y llega la tarde del cinco de enero y te pilla en el borde de la acera esperando con ansia el paso de la Cabalgata, rezumando ilusión por todos los poros. Después la noche más larga, la de reyes. ¡Uf, que nervios!

––¿Qué te han traído los reyes, Enriquito?
––¡Un coche de policía! ¡Y un fuerte con indios y vaqueros! ¡Y...
––Eso es que has sido bueno. Pues en mi casa te han dejado este paquete de revoltijo y estos cinco duritos.
––Pero Doña Engracia, no debería usted...
––¡No es nada mujer! Aunque solo sea por ver a los niños con esta ilusión...
––Por cierto, que ya me enterado que este año vinieron su hija y sus nietos de Bilbao.
––Sí hija, sí. Pero ya se tuvieron que ir. Y una ya es muy vieja y no sabe si los volverá a ver.
––Ande, ande... ¡Qué no es usted tan mayor! Ya verá como el año que viene los tiene otra vez aquí.

Y los Reyes Magos te dejaron lo que les habías pedido: Las mil caras del agente secreto. ¡Lo que jugamos Juanín y yo con aquellos bigotes y barbas postizos! ¡Y con la calva de goma, que nos quedaba tan grande! (por no hablar de aquel dedo pulgar vendado y ensangrentado que no sabíamos muy bien para qué servía, pero que nos poníamos para que nadie nos reconociera). Y los Juegos reunidos Geyper, que no habías pedido pero que daba igual. Y una caja enorme de madera, llena de lápices de colores Alpino. Yo no sabía que existían tantos colores en el mundo. Ni siquiera las bombillas que iluminaban las navidades de mi infancia eran de tantos colores como los lápices de mi caja. Luces que, por cierto, pronto los operarios del ayuntamiento comenzarían a retirar para que el largo y frío invierno pueda continuar su camino…

22 comentarios:

  1. HolA Oñera, si que eran otros tiempos, y no tan lejanos, pero si, las cosas han cambiado. Lo que no tenemos que perder nunca es lo que significa la Navidad relamente, tiempo para reflexionar, para mirar hacia adelante con ilusión, para reunirnos y frenar esta vida que nos lleva a tener prisa constantemente, tiempos para no olvidarnos que hay que quererse y perdonarnos a nosotros mismos y a los demás.

    Un abrazo

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    1. Hola Rosa. Lo ideal sería que ese sentimiento que en estas fechas se apodera de todos nosotros, eso que algunos llaman espiritu navideño, no se termine el día 7 de enero y se prolongue todo el año.
      Gracias por comentar. Un abrazo.

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  2. Si que me hiciste recordar tantas cosas Oñera, que bonito.. era todo de otra manera y ¿ Los juegos reunidos? mis hermanos tenían uno.
    Uno de esos años los reyes me trajeron tantas cosas, entre ellas un libro muy gordo de Walt Disney con una de mis pelis preferidas "Mary Poppins"
    Bonitos recuerdos.
    Un abrazo Oñera

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    1. Yo creo que las mejores navidades son las de la infancia, Olga. Y las de la infancia de tus hijos también. Ahora sólo queda esperar las de los nietos, que presumo que también serán especiales.
      Gracias por la visita. Un abrazo.

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  3. Que mas puedo añadir.... suscribiría tu mágnífico relato con circustancias parecidas de mi infancia y que la respuesta que le has dado a Rosa Viñas, no puedo estar mas de acuerdo con ella. Un abrazo.

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    1. No es que antes la Navidad fuese mejor que la de ahora, Jesús. Es que la veíamos con ojos de niño.
      Gracias por pasar por aquí. Un abrazo.

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  4. Hola Oñera: Un relato emocionante y lleno de nostalgia. Perdona por no haber pasado ultimamente por aquí, pero he estado sin ordenador.
    Felices Fiestas y un fuerte abrazo.

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    1. Hola Imanol. Se te echaba en falta, amigo.
      Feliz Navidad. Un abrazo.

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    2. Sí Oñera sí! esos recuerdos de la infancia, son como le dices a una comentarista . De pequeño los vives con ilusión. Luego pasan los años y se van borrando hasta que vuelves a tener renacuajos alrededor. Tus hijos. Durante días disfrutas viendo la misma ilusión que tenías durante esas fechas. Esa transparencia de los niños y esa inocencia, también la disfrutas y te hace sentir feliz. Pasan los años y cuando tienes nietos, vuelves a despertarte e intentas transmitir toda esa misma ilusión, a los nuevos. Entonces la felicidad vuelve.
      Bueno, te escribo esto después de leer atentamente tus preciosos recuerdos, que también son los míos, mientras espero impacientemente, hoy víspera de Nochebuena (suelo celebrar el Papá Noel, porque así fue desde mi infancia), en la montaña, a la llegada de mis tres hijas con sus seis pequeñajos! Estoy nervioso. Tal vez ellos también. Cada cinco minutos miro el reloj. Parece que el tiempo se haya paralizado… aparte de esperar solo tengo que encender la chimenea, los zapatos están colocados frente al fuego, he puesto lucecitas, esas lucecitas de colores que mencionas, que se encienden y apagan, alrededor de donde Papa Noel depositará los regalos. Como el tiempo se me hace largo, muy largo y estoy hecho un mar de nervios, he abierto el ordenador para que pase más deprisa y me encuentro con esta hermosa historia que nos cuentas. Ah, para mí, ahí está, de nuevo, la verdadera felicidad y no solo para esta noche, sino que ya llevo tiempo preparándolo y transmitiendo esa misma ilusión a mis nietos, que estarán ahora nerviosos como yo, preguntando a sus papás que cuanto falta y luego serán el abrir los regalos, la comida (eso es lo que menos les importa a los peques), Alguna canción, las fotos y esos son los recuerdos que me llenarán todas estas fiestas. Así es!
      Un fuertísimo abrazo.

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    3. Hola Joshemari. Echo un vistazo al blog antes de marchar a casa de mi suegra a celebrar la Nochebuena y me encuentro con tu comentario. O para ser más preciso con tu relato, que yo titularía "El fantasma de las navidades del presente"
      Pásalo genial con todos los tuyos, amigo.
      Un abrazo.

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  5. Bonitos recuerdos amigo Oñera. La Navidad empezaba cuando debía y no cuando quieren los comercios, cuanta razón tienes..... pero está en nuestras manos que siga teniendo el calor y los sentimientos familiares de siempre y no dudo que en tu casa y en la de los amigos que han dejado aquí sus comentarios así es.
    En casa éramos de pesebre y "tió", un leño que en mi época "cagaba" dulces y en la de mis hijos compartía los regalos con los Reyes Magos. Seguimos con esta costumbre del Tió en dia de Navidad antes de comer.
    Este año es distinto puesto que tengo un hijo que vive en Canadá. No falla nunca siempre vuelve por Navidad y este año lo ha hecho con su pareja canadiense.... O sea, que hemos puesto el árbol para que ella tenga algo de su tradición, seguimos con nuestro tió y a mi hijo no se le ha ocurrido otra cosa que sacar las figuritas del pesebre de su infancia y mi infancia para montar un belen enorme en el comedor para que su novia conozca nuestras tradiciones.
    Lo mejor de todo, que esta noche seremos seis y el gato ya que mi hija y su pareja tambien se quedaran a dormir. Estas son las cosas buenas de la Navidad.
    Un abrazo.

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    1. ¡Qué bueno lo del tió! ¡Nunca lo había oído!
      Pásalo de cine con tus hijos y sus parejas, Teresa.
      Gracias por compartir tu Navidad.
      Un abrazo.

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  6. Ola,teria tanta coisa para comentar hoje,mas infelizmente estou correndo contra o tempo...Mas não poderia de deixar meu muito grande abraço e beijo de Natal e Ano Novo,para este querido amigo que ocupa um lugar especial em meu coração. PS:Adorei o texto. SU.

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    1. Oi Su. Eu aprecio o esforço de ler o texto, apesar da diferença de idioma.
      Feliz dia de Natal, amiga. E feliz Ano Novo.
      Um abraço.

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  7. Que razón tienes Oñera, y que bonitos recuerdos. Te deseo que tengas unas felices fiestas y un buen año.

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    1. Lo mismo te deseo Ramón: feliz salida y entrada de año, unos reyes llenos de regalos y un 2013 repleto de alegrías.
      Un abrazo.

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  8. Yo creo que este año se acaba la Navidad ¿...? Para mi ya ni existe , de todas formas que tengas un buen año......¿2014 ? si es que salimos bienparados del 2013
    Un abrazo.

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    1. No se presenta muy bien el 2013 Eusebio, pero ya sabes: ¡a mal tiempo buena cara!
      Salud y alegría, amigo.
      Un abrazo.

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  9. Me ha encantado tu relato, espero que a pesar de que las navidades te haya pillado de sorpresa las estés disfrutando. Disfrutemos de cada momento como si fuera el último! un abrazo y feliz entrada al 2013! :)

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    1. Gracias por leerme, Mari Jose. Feliz año nuevo.
      Un abrazo.

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  10. Einfache und charmante Zeichnung. Mag ich.
    Wünsche Dir alles Gute im Neuen Jahr 2013 und grüsse Dich herzlichst.
    janina

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    1. Dank Janina. Wir wünschen Ihnen ein neues Jahr Glück.
      Eine Umarmung.

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