jueves, 11 de abril de 2013

PLANES DE AHORRO




El problema más acuciante durante mis años de adolescencia era de índole meramente económica. También tenía otras preocupaciones claro, que ahora desde la lejanía en el tiempo pueden parecer baladís o pasadas de moda. Por el contrario, como todo el mundo conoce, los problemas económicos están desgraciadamente de plena actualidad. Puedo asegurar entonces que fui un visionario adelantado a mi tiempo cuando, hace casi cuarenta años, aseguraba que mi paga semanal no hacía justicia a su propio nombre, ya que no alcanzaba para sufragar los gastos de siete días ni muchísimo menos.

Claro que el mío no era un caso aislado, ya que la mayoría de los estudiantes sufrían aquel permanente crack económico. Mis amigos, sin ir más lejos, también andaban a la cuarta pregunta. Recuerdo cómo teníamos que reservar parte de nuestra paga, con el fin de abonar el importe de la cuenta que debíamos a aquella anciana que instalaba su carrito repleto de chucherías en el patio del instituto. Pasábamos ya de los quince años y no engullíamos muchas golosinas, pero raro era el día en que la buena mujer  ––saludos Isabel, donde quiera que te encuentres––  no te fiaba un par de Ducados hasta el lunes siguiente.

Tratando de reducir gastos pasábamos las tardes de los fines de semana en ciertos merenderos de los alrededores de Gijón  ––inolvidables veladas de risas, guitarras y canciones en El Chabolu o El Rinconín de Deva––, donde destrozamos más de un tímpano a cuantos clientes pillamos despistados. Jamás se me olvidarán aquellos atardeceres en los que aprovechábamos la sidra que los demás abandonaban sobre las mesas para rellenar nuestras botellas que ya estaban vacías. Quien no haya practicado dicho procedimiento no se puede imaginar la cantidad de botellas que se consumen en un merendero durante una tarde de primavera, y mucho menos hacerse una idea de la sidra que queda en cada botella cuando un grupo de clientes se retira de su mesa.

Con la llegada del fin de curso se deshizo aquella pandilla  ––aún hoy no logro explicarme por qué se formaban y desintegraban los grupos con aquella facilidad––  y, como Diptongo se había ido de vacaciones al pueblo, resultó que nos encontramos solos Pérez y yo.

Siguiendo la misma política de ahorro se nos ocurrió entonces que estaría bien auto invitarnos a una boda de vez en cuando. A primera hora de la tarde nos acercábamos a alguno de esos salones especializados en dichas celebraciones a echar un vistazo, y si nos parecía que había ambiente  ––ya saben: alguna moza libre y de buen ver––  nos quedábamos haciendo gala de todo un derroche de simpatía (hay quien cree acertado denominar este plan de acercamiento a la hembra como el método “vaya jeta que tenéis”). Siguiendo este sistema nos ahorrábamos el importe de la entrada a la discoteca y teníamos menos competencia a la hora de ligar. Como ven la parte teórica no estaba mal, claro que lo difícil era llevar a la práctica lo planeado.

Recuerdo una tarde que llegamos muy elegantes  ––nada de tejanos ni calzado deportivo, por supuesto––  a un restaurante en el que se celebraban dos bodas. Miramos en el salón de abajo y no vimos ninguna persona que cumpliese los dos requisitos fundamentales: poseer una edad similar a la nuestra y ser además de distinto sexo (imprescindible cumplir la segunda condición). Nos dispusimos entonces a subir al salón del piso superior con la esperanza de tener más suerte, cuando un tipo de unos veinte años, enfundado en un traje azul marino y con la corbata cortada cuatro dedos por debajo del nudo, nos dio el alto en plena escalera de acceso.

–¿A dónde vais chavales?
–¡Hombre Toño!
–¡Coño Pérez, no te había reconocido!  ¿Qué haces por aquí?
–Pues ya ves: nos colamos en las bodas, a ver si hay manera de ligar algo.
–¡Qué jodíos!  ¿Y funciona eso?
–Bueeeno, estamos en ello.
–Pues hoy no hace falta que os coléis: ¡os invito yo!
–Tú tranquilo Toñín. Con que no digas nada a los novios ya nos conformamos.
–Los que tenéis que estar tranquilos sois vosotros, que el novio ya está enterado.

Pérez seguía hablando como una cotorra sin comprender lo que era evidente, así que no me quedó más remedio que intervenir.

–Joer Pérez . . . ¡que el novio es él!
–¿ . . . ?   ¡Venga ya! ¡No te veo yo a ti casao!
–¡Que sí hombre!  Sube y verás como están también mi madre y mis hermanas.
–¡Será la boda un primo tuyo!

Pérez siguió incrédulo hasta que el novio le mostró la fecha que había grabada en el interior de su reluciente anillo. Cuando por fin se dio por vencido, Toño nos acompañó hasta la barra y nos invitó a unas consumiciones.

–¿Qué pasa, chaval?  ¿todavía no crees que es el novio?
–Joer . . . ¡pero si es vecino mío de toda la vida!
–Y tus vecinos. . .  ¿no se casan nunca, o qué?
–Sí, pero este es muy joven. ¡Seguro que se casó de penalti!
–¿De penalti?  ¿Me estás diciendo que los novios pecaron antes del matrimonio?  ¡Pues nos vamos!  Que nosotros no nos colamos en la boda de cualquiera.

Y nos fuimos.  A la discoteca, claro.  Ya que de ninguna manera queríamos relacionarnos con aquellos pecadores. O sería porque ya habíamos terminado los cubalibres y, para colmo, no había nadie en aquella boda que cumpliera el segundo requisito. No sé, ha pasado tanto tiempo . . .

16 comentarios:

  1. Ja,ja, Oñera. Yo, en mis cortas luces,(frase favotrita de mi profesor de mates del instituto: veamos, señorita, usted, en sus cortas luces...)creo que lo que os echó de allí, salvando el incumplimiento del segundo requisito, fue que os dísteis de lleno con la realidad: que la vida iba corriendo y que como aquel novio, mañana cualquiera de los dos, podríais estar en ese grupo de gente a la que, junto al nudo de la corbata, se le cortaba una parte de esa insensatez y libertad que la "juventud" conllevaba. Vamos, que vuestro subconsciente debió visualizar algo así como D.E.P. la gozosa libertad de Oñera, fallecida junto a la de Pérez...

    Muy bueno, este sucedido, Oñera, muy bueno.

    Abrazotes

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    1. Si en la actualidad a un profe se le ocurre decirle a un alumno que tiene pocas luces creo que iba a tener más de un problema.
      En cuanto a lo mío, pues resulta que creíamos que éramos adultos y aún nos quedaba mucho por crecer.
      Gracias por comentar, Margaria. Un abrazo.

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  2. Es un relato muy divertido Oñera, quizás en el fondo o en la superficie todos añoramos esos años que ya no volveran. :( :). Un abrazo.

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    1. "Cualquier tiempo pasado fue peor, somos más jóvenes ahora". Al menos eso afirmaba la canción, aunque yo me veo un poco más viejo, más gordo y con menos pelo.
      Cada cosa a su tiempo, Jesús.
      Un abrazo.

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  3. OÑERA, es muy bonito recordar viejos tiempos, y si es contado con ese salero que lo haces mejor.
    Por ello te doy mis felicitaciones, con un gran abrazo.

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    1. Muchas gracias, Mariluz. Es bonito recordar, pero sin dejar de vivir el presente.
      Un abrazo.

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  4. Qué grande eres Oñera. Cómo consigues hacerme reír además de mantenerme intrigada y casi viendo la escena.

    Un abrazo

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    1. Me limito a relatar un recuerdo de hace casi cuarenta años.
      Gracias por leerme, Olga. Un abrazo.

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  5. Muy ingenioso oñera. Hay que recordar aquellos momentos con el mismo humor que tu lo haces. Yo no volveria atras, desde luego, me gustaria seguir adelante pero, eso si, con unos cuantos años menos.

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    1. Me gusta recordar, Eva. Me gusta también vivir el presente, que ojalá dentro de unos años pueda recordar con humor.
      Gracias por comentar. Un abrazo.

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  6. Oñera que bueno es este relato, y todos los que haces. Me encanta. Se me hace cortito, estaría leyendo sin parar.

    Feliz semana.

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    1. Muchas gracias, Rosa. Con lectores como vosotros da gusto subir historias al blog.
      Un abrazo.

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  7. Es que os veo a ti y a tus amigos..... me tienes divertidísima con tus azañas,lástima que no creo que ahora podamos ponerlas en práctica y eso que tal y como estan las cosas ya me veo rebañando platos.
    El cerdito, chulísimo,
    Un abrazo.

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    1. Como el país siga así muchos tendrán que colarse a las bodas, Teresa. Pero no a bailar y ligar... ¡a comer!
      Muchas gracias. Un abrazo.

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  8. !ay oñerina! yo haz años echei el güeyu a un chaval en la boda del mio primu. Cuando quise dai caza ya había salio escopetau... Alguien me dijo que se apellidaba Pérez...Ni que-y debiera un tango...
    Una compi de relatos

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    1. En aquelles feches yeramos igual que el Llon Güein: ¡onde poníamos el güeyu poníamos la bala! Así que, echando mano del cancioneru astur, pueu decite con certeza que NON TABES ALLI / NON TABES, NO, NO / NON TABES ALLÍ / QUE ALLÍ TABA YO
      ¡¡Los tus relatos sí que son buenos, compi!!
      Un abrazu.

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