lunes, 13 de mayo de 2013

MATINÉE



Era una fría mañana de invierno la de aquel domingo que asistí en compañía de mis amigos al baile-vermout  ––matinée se llamaban unos años antes esas fiestas que se celebraban antes de la comida––  que las chicas del Instituto Femenino organizaban en la pequeña discoteca del barrio para conseguir fondos con los que costear su viaje de fin de curso.

Cuando llegamos aquello era un hervidero de gente  ––las chicas sacaban una pasta con este tipo de eventos, ya que los muchachos acudíamos como moscas––, así que tuvimos que utilizar los codos cuan ciclistas en un sprint para poder llegar hasta el bar y conseguir que el camarero nos sirviera unas consumiciones. Antes de separarme de la barra bebí un buen sorbo para evitar que la bebida se derramara al avanzar entre tanta gente. Luego me di la vuelta, miré hacia la pista de baile y entonces la vi.

Estaba bailando con sus amigas en el centro de la pista, mientras dos o tres moscones de la competencia revoloteaban a su alrededor. Me acerqué un poco para descubrir que era aún más guapa de lo que en principio me había parecido, con un aire distinguido a lo Miriam Hopkins, aquella rubia de cara angelical de las pelis de los años treinta (para los que prefieren el cine más actual, algo así como una mezcla entre Gwyneth Paltrow y Cameron Díaz)

Abandoné el vaso en una mesa cualquiera y me puse frente a ella a hacer el ganso  ––al menos eso es lo que a ella le pareció, aunque lo cierto es que uno nunca supo bailar de otra manera––  hasta que comenzaron a sonar los primeros acordes de Michelle, aquel tema lento de los Beatles que me daba la oportunidad de bailar con ella a lo agarrao.

Uno de los moscones se me adelantó (¡mecagon la…!), pero ella le dio calabazas después de recorrerlo verticalmente con la mirada (uff… ¡menos mal!). Afortunadamente accedió a bailar conmigo cuando se lo solicité, y ya no nos separamos durante el resto de la mañana.

No sé como la convencí, pero aquella misma tarde salimos juntos. Y cuando insinuó que estaba interesada en ir al cine silencié el hecho de que ya había visto aquella peli el día anterior con los colegas, lo cual me llevó irremediablemente a ver el mencionado film dos veces en menos de 24 horas.

Queda demostrado entonces, sin ningún tipo de duda, que los tíos somos unos calzonazos el día de nuestra primera cita con una chica. Y el resto de los días posteriores también, me temo.

¿Que cuanto se puede alargar ese periodo? Pues no es este el caso, pero me consta que en ocasiones el resto de tu vida, amigo mío. ¡Nada menos que el resto de tu vida!

18 comentarios:

  1. Oñera, te FELICITO, la primavera también te ha dado un toque.
    Sí amigo no digas lo de , "calzonazos" dí el, AMOR.
    Siempre hay que quedarse con lo bonito, aunque duela . abrazos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Tienes razón Mariluz, a partir de ahora diré el AMOR (el amor que nos vuelve unos calzonazos, claro)
      Un abrazo.

      Eliminar
  2. Me encanta lo que nos cuentas y la manera de hacerlo. Un abrazo Oñera.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias Olga. Seguiré contando más cosas así, a mi manera.
      Un abrazo.

      Eliminar
  3. "Michelle, ma belle, sont des mots qui vont très bien ensemble..." Pues puede ser que como en las palabras de la canción de los Beathles, que he buscado y escuchado para ambientar tu relato, ella y él vayan muy bien juntos... Léase que están hechos el uno para el otro...
    Ya lo dice la canción que el chico está dispuesto a haceer lo que sea para hacerle ver lo que ella signfica para él hasta que comprenda que la ama... "Je t'aime, je t'aime, je t'aime" dice él en inglés, pero yo lo prefiero transcribirlo en francés. Como fémina adoro esos peueños grandes detalles: que mi santo se trague una de pensar cuando a él lo que el cuerpo le pide son bombas y sangre a troche y moche, o venirse conmigo a ver piedras, cuando el estaría tan a gustito en un establecimento lleno de cacharros informáticos...Ay, esas pequeñas cosas...Oyes, lo de que luego sean para toda la vida, es por lo que yo llamo el efecto acumulación, pero por na más...

    Abrazotes.
    Pd: por tu culpa la dichosa Mchelle se va a quedar en mi cabecita loca acompañándo mis quehaceres, ains....

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. No es malo el soniquete de esa canción como musica de fondo, Margarita.
      Dile a tu santo que tiene el cargo de vicepresidente en el Club de Calzonazos Unidos (el de presidente, de momento, lo ocupo yo)
      Un abrazo.

      Eliminar
  4. El amor mueve montañas de verdad y ese hombre estaba enamorado. Un relato muy bonito Oñera.

    Un abrazo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Mas que de enamoramiento se trata de un "ligue" entre adolescentes, Rosa. Me alegra que te guste la historia.
      Un abrazo.

      Eliminar
  5. Hola Oñera. muy buenos tus relatos, me divierten y rememoro la versión femenina de aquellas epocas, divertidas, sanas, picaras, pero a la vez inocentes. Gracias amigo por la chispa que nos trasmites. un abrazo!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias a ti por leerlos, Mercedes. Feliz de que mis historias sirvan para avivar tus propios recuerdos.
      Un abrazo.

      Eliminar
  6. Muy divertido tu relato. Severo Ochoa en su famosa frase dijo: El amor es física y química así que no voy a polemizar :) . Un abrazo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Si en estos asuntos Severo Ochoa evitaba la polémica... ¡imagínate yo!
      Gracias Jesús. Un abrazo.

      Eliminar
  7. Tienes toda la razón, fuimos, somos y siempre seremos unos CALZONAZOS!!
    No solo entonces, no, sino que la juventud de ahora, aunque no lo parezcan, también!
    Eres un genio relatando y pintando!
    Un fuerte abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Pues bienvenido al Club de Calzonazos Unidos, Joshemari. ¡Te haremos el carné de socio de honor!
      Un abrazo.

      Eliminar
  8. Querido Oñera, le sacaste jugo a la matinee y si elegiste ser un calzonazos por ella es que merecia la pena, o no?. Muy divertida tu experiencia. Un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Se trata de una de aquellas vivencias de juventud (¡joer qué lejos queda ya!)
      Gracias Eva. Un abrazo.

      Eliminar
  9. Qué buen relato Oñera, me has hecho disfrutar con él. Me viene a la cabeza una imagen donde un señor muy mayor columpiaba a su risueña señora y le decía ¿Me crees ahora que siempre te he querido?... La mujeres también tenemos nuestras cosas...un poco incrédulas a veces.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Pues si hay que columpiaros se os columpia, Sonia. ¡Que uno es calzonazos profesional!
      Encantado de que te guste la historieta.
      Un abrazo.

      Eliminar