jueves, 25 de abril de 2013

INSISTO



Continúo con estas acuarelillas en formato pequeño. Esta vez sobre un papel de raza desconocida que no parece muy bueno, pero con los nuevos recortes que el gobierno anuncia para mañana viernes habrá que arreglarse con lo que sea.

Ah, se me olvidaba: el tamaño es de 10x16 cm, como es habitual últimamente.


lunes, 22 de abril de 2013

TRILLIZAS


Dentro de las vitrinas mis cachimbas siguen agrupándose por familias. En este caso se trata de tres pipas de agua de origen hindú, elaboradas en bronce y con la cazoleta y la boquilla recubiertas de plástico.

Como podéis ver tienen el depósito de agua de diferentes formas, más o menos adornado con un sencillo repujado.


lunes, 15 de abril de 2013

OTRAS DOS MINIMARINAS


Como veis sigo en mis trece y continúo con el formato pequeño. Como las dos últimas, acuarela sobre papel Fabriano de 300 g (10x16 cm)


jueves, 11 de abril de 2013

PLANES DE AHORRO




El problema más acuciante durante mis años de adolescencia era de índole meramente económica. También tenía otras preocupaciones claro, que ahora desde la lejanía en el tiempo pueden parecer baladís o pasadas de moda. Por el contrario, como todo el mundo conoce, los problemas económicos están desgraciadamente de plena actualidad. Puedo asegurar entonces que fui un visionario adelantado a mi tiempo cuando, hace casi cuarenta años, aseguraba que mi paga semanal no hacía justicia a su propio nombre, ya que no alcanzaba para sufragar los gastos de siete días ni muchísimo menos.

Claro que el mío no era un caso aislado, ya que la mayoría de los estudiantes sufrían aquel permanente crack económico. Mis amigos, sin ir más lejos, también andaban a la cuarta pregunta. Recuerdo cómo teníamos que reservar parte de nuestra paga, con el fin de abonar el importe de la cuenta que debíamos a aquella anciana que instalaba su carrito repleto de chucherías en el patio del instituto. Pasábamos ya de los quince años y no engullíamos muchas golosinas, pero raro era el día en que la buena mujer  ––saludos Isabel, donde quiera que te encuentres––  no te fiaba un par de Ducados hasta el lunes siguiente.

Tratando de reducir gastos pasábamos las tardes de los fines de semana en ciertos merenderos de los alrededores de Gijón  ––inolvidables veladas de risas, guitarras y canciones en El Chabolu o El Rinconín de Deva––, donde destrozamos más de un tímpano a cuantos clientes pillamos despistados. Jamás se me olvidarán aquellos atardeceres en los que aprovechábamos la sidra que los demás abandonaban sobre las mesas para rellenar nuestras botellas que ya estaban vacías. Quien no haya practicado dicho procedimiento no se puede imaginar la cantidad de botellas que se consumen en un merendero durante una tarde de primavera, y mucho menos hacerse una idea de la sidra que queda en cada botella cuando un grupo de clientes se retira de su mesa.

Con la llegada del fin de curso se deshizo aquella pandilla  ––aún hoy no logro explicarme por qué se formaban y desintegraban los grupos con aquella facilidad––  y, como Diptongo se había ido de vacaciones al pueblo, resultó que nos encontramos solos Pérez y yo.

Siguiendo la misma política de ahorro se nos ocurrió entonces que estaría bien auto invitarnos a una boda de vez en cuando. A primera hora de la tarde nos acercábamos a alguno de esos salones especializados en dichas celebraciones a echar un vistazo, y si nos parecía que había ambiente  ––ya saben: alguna moza libre y de buen ver––  nos quedábamos haciendo gala de todo un derroche de simpatía (hay quien cree acertado denominar este plan de acercamiento a la hembra como el método “vaya jeta que tenéis”). Siguiendo este sistema nos ahorrábamos el importe de la entrada a la discoteca y teníamos menos competencia a la hora de ligar. Como ven la parte teórica no estaba mal, claro que lo difícil era llevar a la práctica lo planeado.

Recuerdo una tarde que llegamos muy elegantes  ––nada de tejanos ni calzado deportivo, por supuesto––  a un restaurante en el que se celebraban dos bodas. Miramos en el salón de abajo y no vimos ninguna persona que cumpliese los dos requisitos fundamentales: poseer una edad similar a la nuestra y ser además de distinto sexo (imprescindible cumplir la segunda condición). Nos dispusimos entonces a subir al salón del piso superior con la esperanza de tener más suerte, cuando un tipo de unos veinte años, enfundado en un traje azul marino y con la corbata cortada cuatro dedos por debajo del nudo, nos dio el alto en plena escalera de acceso.

–¿A dónde vais chavales?
–¡Hombre Toño!
–¡Coño Pérez, no te había reconocido!  ¿Qué haces por aquí?
–Pues ya ves: nos colamos en las bodas, a ver si hay manera de ligar algo.
–¡Qué jodíos!  ¿Y funciona eso?
–Bueeeno, estamos en ello.
–Pues hoy no hace falta que os coléis: ¡os invito yo!
–Tú tranquilo Toñín. Con que no digas nada a los novios ya nos conformamos.
–Los que tenéis que estar tranquilos sois vosotros, que el novio ya está enterado.

Pérez seguía hablando como una cotorra sin comprender lo que era evidente, así que no me quedó más remedio que intervenir.

–Joer Pérez . . . ¡que el novio es él!
–¿ . . . ?   ¡Venga ya! ¡No te veo yo a ti casao!
–¡Que sí hombre!  Sube y verás como están también mi madre y mis hermanas.
–¡Será la boda un primo tuyo!

Pérez siguió incrédulo hasta que el novio le mostró la fecha que había grabada en el interior de su reluciente anillo. Cuando por fin se dio por vencido, Toño nos acompañó hasta la barra y nos invitó a unas consumiciones.

–¿Qué pasa, chaval?  ¿todavía no crees que es el novio?
–Joer . . . ¡pero si es vecino mío de toda la vida!
–Y tus vecinos. . .  ¿no se casan nunca, o qué?
–Sí, pero este es muy joven. ¡Seguro que se casó de penalti!
–¿De penalti?  ¿Me estás diciendo que los novios pecaron antes del matrimonio?  ¡Pues nos vamos!  Que nosotros no nos colamos en la boda de cualquiera.

Y nos fuimos.  A la discoteca, claro.  Ya que de ninguna manera queríamos relacionarnos con aquellos pecadores. O sería porque ya habíamos terminado los cubalibres y, para colmo, no había nadie en aquella boda que cumpliera el segundo requisito. No sé, ha pasado tanto tiempo . . .

lunes, 8 de abril de 2013

NO ME CANSO: ¡MÁS MINIPAISAJES!


No, no me canso de pintar estos pequeños paisajes. Y espero que vosotros no os hartéis de verlos porque, si nada me lo impide, tengo pensado realizar alguno más.

Lo que si cambia es el soporte, que en esta ocasión es papel Fabriano de 300 g, en un tamaño de 10x16 cm.

jueves, 4 de abril de 2013

SIGO CON EL MINIPAISAJE



Trabajos de rápida pincelada intentando no incluir en la obra demasiados detalles y, sobre todo, tratando de no perder la transparencia.

La acuarelilla de arriba sobre Cartiera Magnani y la de abajo sobre Guarro (ambos papeles de 300 g. en un tamaño de 10x16 cm.)



lunes, 1 de abril de 2013

AQUELLOS DIBUJOS EN EL CUADERNO

Torre Abacial
Laguardia


Durante este primer trimestre del año el frío y la lluvía no me dejaron dibujar mucho en el exterior. Tampoco ayudó la dichosa gripe, que este invierno se alargó más de los siete días acostumbrados. Ojalá la primavera sea benévola y permita salir con los cachivaches de pintar, que ya se echan de menos aquellos dibujos en el cuaderno.

Mientras tanto os dejo con estas páginas de antiguos cuadernos, en los que intenté reflejar algunos rincones de distintos puntos de nuestra piel de toro.


Aguja de Santa María de Palacio
Logroño


Torreón del Alcazar
Segovia


Torre exenta de la Catedral
Santo Domingo de la Calzada


Castillo Faro de Santa Ana
Castro Urdiales