lunes, 13 de enero de 2014

A LA HORA DE LA CENA



Fue descolgar el teléfono y perder el color. Había dejado la cena dispuesta sobre la mesa de la cocina, pero se le cerró el estomago nada más escuchar la noticia.

Se dejó caer sobre el sofá. Acurrucada entre los cojines quedó inmóvil con el auricular en la mano, mientras Christian Gálvez presentaba en la tele pequeña de la cocina a los invitados del día de Pasapalabra.

Con la mirada perdida en esos pliegues de la memoria que nunca había querido alisar, sintió como su pequeño mundo se desbarataba. Ese mundo que comenzó a construir cuando, después del juicio, escapó de su propia vida. Cogió a Laura y, con una vieja maleta llena de casi nada, huyó del pueblo y se plantó en la capital. Luego pensiones inmundas, trabajos mal pagados, la niña sola durante horas o al cuidado de desconocidos…

Recordó de pronto ––¡quién sabe por qué!–– a aquel tipo gordo que cantaba ópera en el metro. Nessum Dorma, según se enteró después, era aquella música que la reconfortaba cuando volvía extenuada del trabajo. Cerraba los ojos, respiraba hondo, y sentía que había merecido la pena llegar hasta allí. Y, casi sin darse cuenta, aquellas notas se convirtieron en el himno de su liberación.

Ya iba quedando lejos su vida anterior cuando pudo permitirse el pisito de alquiler. Entonces Laura casi se había convertido en una mujercita. Esos eran los recuerdos en que se regocijaba. Los otros, los de ese pasado que no quería reconocer como suyo, había conseguido alejarlos de su pensamiento. Ya hacía tiempo que se había acostumbrado a escuchar sólo por el oído derecho, y sentía esas cicatrices que se reparten por su cuerpo como algo que forma parte de su fisonomía. Sólo, cada vez que cambia el tiempo, un par de huesos mal soldados la hacían recordar por un instante lo que tanto le costó olvidar.

Pero ahora aquella llamada la había devuelto a un tiempo de vejaciones, lágrimas y miedo. ¡Mucho miedo! Y mientras en la cocina Christian Gálvez da paso a la publicidad, ella intenta centrarse en los primeros días en el piso, esos cincuenta metros escasos con baño para ellas solas. La llegada de los primeros muebles. Laura eligiendo la tela para las cortinas de su cuarto. Pero la memoria, indomable y caprichosa, la arrastra hasta su vida en el pueblo. Siente nauseas cuando se ve de nuevo en la cama con aquel animal. Y no puede evitar un sollozo al revivir aquel primer embarazo interrumpido a base de palos.

No oye la llave girar en la cerradura, ni siente que la puerta se cierra de nuevo. Tampoco ve como Laura deja caer el bolso al suelo, acercándose sin quitar siquiera el abrigo.

––Mamá… ¿qué te pasa? ––inquiere la chica, retirándole el teléfono de las manos––. ¿Qué ocurre?

En la cocina una señora menudita de Burgos da saltos de alegría frente a la cena que ya hace tiempo se ha enfriado. Hace un momento Christian Gálvez le preguntaba cual es   ––comenzando por N–– el aria final de la ópera Turandot. Nessum Dorma contestó,  completando el rosco en el último segundo.

––¿Qué pasa, mamá? ––grita Laura esta vez, zarandeándola.
––Mi padre ha salío de la cárcel —responde con un hilo de voz—. Lo han soltao al muy cabrón.

18 comentarios:

  1. Magnífico, sobrecogedor, tensional relato. Una sabe desde el principio que algo planea en el ambiente, pero, como la protagonista, quiere eludirlo, pensar que todo va a ir bien. A una le gustaría que esta historia sólo ocurriese en la ficción, pero no. La vida real, con demasiada frecuencia, no tiene la sensibilidad del contador de historias y supera a la fcción no sólo en los hechos, sino en sordidez, en oscuridad, en la abrupta aspereza de una violencia contranatura y maloliente que provoca la náusea. A tu historia, poniéndome en el lugar de esa hija herida para siempre, me perito añadir mi deseo para ese padre contranatura: ojalá le atropelle un camión en su primer día de esa libertad no merecida.

    Abrazotes, contador de historias

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    1. Desgraciadamente es así Margarita: la realidad supera a la ficción en todos los aspectos.
      Estaba cómodo en el terreno del humor, pero últimamente me salen historias mucho más truculentas...
      Un abrazo.

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  2. Un tema muy duro, muy bien retratado en pocas palabras. Ojalá vayan desapareciendo ese tipo de cabrones que alberga la realidad, pero me temo que mientras siga existiendo esta humanidad tal y como la conocemos, los seguirá habiendo. Enhorabuena! Un abrazo.

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    1. Efectivamente Jesús, es un tema duro. ¡Real como la vida misma!
      Un abrazo.

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  3. Es horrible cuando sabemos que estas cosas ocurren.
    Tu en tu relato lo describes tal cual. Enhorabuena. Un abrazo

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    1. Sí que ocurren, Mariluz. Sólo hay que ver el telediario o leer el periodico.
      Un abrazo.

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  4. Al leer tu terrorífico relato, de otra parte magníficamente escrito, solo se
    me ocurre la más comun de exclamaciones, referida a los atributos masculinos,
    causantes del drama, C.. j.. N.. S !!!!

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    1. Paso del humor al drama sin razón aparente, Fernando. ¡Serán los tiempos que corren!
      Gracias por comentar.
      Un abrazo.

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  5. Es un relato que pone los pelos de punta, pero por desgracia no es más que un reflejo de la sociedad que nos ha tocado en suerte, o la que hemos hecho entre todos. Está bien que de vez en cuando nos acordemos y denunciemos estos crímenes. Muy bien construido tu relato.
    Abrazo.

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    1. Como bien dices, lo más triste es que el relato cuenta una historia que es reflejo de la sociedad actual.
      Gracias Carmen.
      Un abrazo.

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  6. Cuanta crudeza escondía ese inocente bosquejo del principio.

    Buen relato, un abrazo.

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    1. Lo crudo es que la historia narra hechos que ocurren a gente normal y corriente, que ven la tele mientras cenan como todo el mundo...
      Gracias Sergio.
      Un abrazo.

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  7. Hola Oñera: Muy cruel el relato pero muy bien elaborado, y con la realidad del mundo actual, es bueno cada tanto sacar estos temas que son frecuentes y aunque quisieramos evadirlos siempre están. Has sacado a relucir tus dotes de escritor. ¡¡Felicitaciones!!! Un abrazo!!

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    1. Siempre me sentí más cómodo con relatos humorísticos, no sé por qué últimamente la temática de mis historias es mucho más dura.
      Muchas gracias, Mercedes.
      Un abrazo.

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  8. Un relato sobrecogedor y magníficamente escrito. Es bueno, aunque sea un relato de ficción, leer estas realidades para hacernos conscientes de las cicatrices en el cuerpo y alma de las personas que padecen o han padecido estas situaciones de crueldad y rechazar cualquier clase de violencia.
    Gracias, Oñera por tu relato y enhorabuena

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    1. Gracias a ti por leerlo, Paloma. A ver si el próximo relato me sale más alegre, aunque leyendo la prensa y viendo los telediarios no sé yo...
      Un abrazo.

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  9. Vaya historieta que nos acabas de contar... y, qué bien! Está claro que eres un personaje-amigo que además de deleitarnos con bellos dibujos, sabe transportarnos a la ficción a base de unos relatos muy bien escritos. Te felicito.
    No te da por escribir alguna novela? Si algún día lo haces, te ruego que nos lo comuniques, porque consigues "engancharnos" con estos apasionantes relatos y otros, que sin ser tener esa carga de pasión, también "enganchan".
    Me gusta leer todo lo que escribes.
    Te felicito.
    Un abrazo.

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    1. Una novela ya son palabras mayores, Joshemari. De momento me conformo con escribir relatos cortos.
      Gracias por leerlos, amigo.
      Un abrazo.

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