jueves, 13 de febrero de 2014

MATILDE



Soy feliz. Ni siquiera recuerdo desde cuando, pero soy feliz. En realidad no es difícil, si te conformas con lo que tienes. Y yo poseo todo un mundo a mi alrededor. Como el resto de las personas, supongo. No sé, quizá el mío sea más pequeño. Un universo minúsculo a mi disposición.

Esta noche he vuelto a soñar. Voces, cuchillos y Leonardo DiCaprio ensangrentado. Esa pesadilla que se repite, de la que no consigo escapar si no es envuelta en un sudor frío que me desvela hasta que el nuevo día comienza a entrar por los agujeritos de la persiana.

Quizá hoy es sábado, mi día preferido. Ana viene a verme y paseamos por el jardín. Solemos sentarnos a resguardo del cenador y me cuenta como le va, mientras nos impregnamos de ese olor a tomillo que invade el ambiente. Luego comemos juntas y, a media tarde, ella regresa a su vida más allá del límite de mi pequeño universo.

Me gusta el paisaje que enmarca mi ventana. Siempre el mismo y siempre diferente. No me cansa observar los pequeños cambios. El sol aparece sobre los robles del parque llenando el jardín de siluetas alargadas, que alteran su forma con el paso de las horas.

Deben ser casi las ocho. Esa chica pelirroja siempre llega con el tiempo justo. Cruza corriendo la calle sin esperar a que el muñequito se ponga verde. Me agrada como dice mi nombre. Mati, así en diminutivo. Ojalá venga a visitarme.

Me gustaría saber pintar, para reproducir el jardín en otoño. Tonos ocres y árboles desnudos. Y hojas que crujen bajo las pisadas. Creo que Ana se casó en otoño. Sí, en noviembre. Recuerdo que bailé con todos los invitados. Y sentí que todo iba a ir bien al verla tan dichosa, enamorada de aquel muchacho de rostro angelical.

No me gusta la casa amarilla. Cuando no estaba los días eran más largos. Concluían con lejanos crepúsculos sobre las colinas. Hasta que llegaron los obreros con sus grúas, máquinas y ruidos. ¡Dios, cuánto ruido!  Y redujeron mi mundo levantando ese edificio que acorta mis tardes y, con su sombra, vuelve grises los colores del jardín.

Parece que va a llover. Me encantan estos días grises en que las gotas se precipitan contra la ventana, deslizándose luego como lágrimas sobre mejillas de cristal. ¿Cuánto hace que de mis ojos no brota una lágrima? Sí, seguro que hoy llueve. Si es sábado no podremos salir al jardín.

Tampoco Ana suele llorar. Creo que desde niña no lo volvió a hacer. Hasta que una noche se presentó en mi casa sollozando, con aquel vacío en la mirada que nunca pude olvidar. Desfigurada por los golpes recibidos. Aterrada. Abatida. No sé qué ocurrió después. Sangre, gritos, un reflejo metálico en el confín de mi mano. Cuando consiguieron apartarme lo vi, tendido inerte en el suelo. Con ese aire a lo Leonardo DiCaprio, pero sin la sonrisa de niño bueno con la que nos había conseguido encandilar.


––Buenos días, Mati ––saludó mientras la observaba sentada frente a la ventana––. ¿No me das los buenos días? Bueno… ¡mañana ya estarás más habladora! Ahora vamos a tomar este par de pastillas.

Sin dejar de mirar al exterior, Matilde acercó a sus labios el vasito de plástico que contenía la medicación. Después se ayudó de un poco de agua para tragar los comprimidos.

––Abre la boca. Levanta la lengua. ¡Muy bien Mati! Enseguida te traen el desayuno…
––¿Es sábado?
––¡Vaya! Cuando quieres sí que hablas, ¿eh? ––le dijo apartándose un mechón anaranjado que se empeñaba en caer sobre su frente––. Hoy es jueves. ¡Anímate mujer! Ya queda poco para que venga tu hija a verte.

12 comentarios:

  1. Viendo el dibujo que ilustra el relato una se da cuenta de cómo la percepción subjetiva puede embellecer, incluso enmascarar la realidad. Porque, en mi opinión, esas cortinas confortables y hogareñas, son a la vez el marco y el alma, esa visión subjetiva de quien mira intentando no ver ese pasado que retorna una y otra vez. Huyendo hacia adelante hacia ese paisaje idílico que está tras el cristal de la ventana del dibujo y, a la vez tras los muros de esa confortable prisión que, a la vez, es cobijo y amparo de un mundo exterior tan temible y temido. Tanto como lo sería el regreso de un pasado acompañado de su propia lucidez. Como salir al mundo, a la vida real. Es curioso y triste que, a veces, sea la prisión de un psiquiátrico la que pueda hacerte sentir en libertad...


    Abrazotes

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    1. Matilde vive feliz en su mundo, esperando que llegue el sábado una semana tras otra.
      Un abrazo, Margarita.

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  2. Es triste vivir en un mundo aparte de los que te rodean,
    pero para mal vivir mejor así.
    Tu forma de relatar realidades o ficciones son muy loables, Te felicito.
    Un abrazo.

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    1. Gracias Mariluz. Encantado de que te gusten mis relatos...
      Un abrazo.

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  3. Amigo Oñera, tu capacidad de transmitir, en cualquier medio de los que usas,
    es encomiable.
    Con este relato, logras, perfectamente, tu deseo de conducir al lector, a través de diversos
    sentimientos, hasta la cruda realiddad de su desenlace. Impactante !!
    Arranca las costras, de los cantos de sirenas, y hace un peeling al alma.

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    1. De eso se trata, Fernando. De intentar transmitir sentimientos y tratar de inmiscuir al lector en la historia...
      Muchas gracias, amigo.
      Un abrazo.

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  4. Hola Oñera: He leido otras relatos que has publicado y ellos tienen una trama que te van llevando a un desenlace trágico, como real, en una palabra atrapante. Con este sigues demostranto tus grandes dotes de escritor enigmático y con tintes novelescos. Felicitaciones Amigo!! Un abrazo

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    1. Muchas gracias, Mercedes. Seguiré publicando historias, y espero que también te gusten...
      Un abrazo.

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  5. Tu relato es tierno, trágico, real... Siempre me han gustado los relatos cortos, tan difíciles, tan llenos de encanto cuando se consigue, como es tu caso, llevarte a otro lugar, a la mente de otra persona, o a otro tiempo, a otra vida, con unas pocas palabras. Enhorabuena, amigo. Me parece admirable lo que escribes. Un abrazo.

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    1. Viniendo de alguien que también escribe se agradece doblemente el comentario...
      Gracias Pepe.
      Un abrazo.

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  6. Admiro tu trabajo Oñera, como bien dicen consigues con tus relatos llevarnos a ese lugar, realmente admirable amigo.

    No he tenido mucho tiempo y veo que me he perdido varias de tus acuarelas y esa colección de pipas...
    Un abrazo Oñera

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    1. Ya llegarán tiempos más tranquilos, con tiempo para comentar en bloguilandia. Mientras tanto se te echa de menos, Olga.
      Muchas gracias.
      Un abrazo.

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