jueves, 14 de agosto de 2014

inCINErado estoy




Acabo de llegar del cine. No estoy seguro si pasadas las doce de la noche ya es tarde o aún demasiado temprano para dedicarse a escribir pero, esperando el momento en que Morfeo se digne a acogerme entre sus brazos, me siento ante el teclado con la esperanza de que las musas no hayan concluido su jornada laboral y quieran visitarme a esta indeterminada hora en que uno nunca sabe si todavía es hoy o, por el contrario, ya es mañana que nos pilla un poco a contratiempo.

El amanecer del planeta de los simios, la película que vi hoy (en realidad cuando comenzó la proyección todavía era ayer), es una de esas historias que te dejan a medias. Ni fu, ni fa. Efectos especiales apabullantes para una de ciencia ficción que no deja de ser un western. Y no es que sea mala, pero no consigue que salgas de la sala rezumando ilusión por todos los poros, como cuando viste de mozalbete la primera peli de la saga. Aquella protagonizada por Charlton Heston y un montón de actores con caretas de monos.

Cuando salí del cine me encontré con esa densa bruma que llega del mar para envolver la ciudad algunas noches de verano, como la niebla que esconde al pueblo de Brigadoon durante cien años seguidos. Un par de esquinas más allá un tipo besaba a su novia ––o a la novia de otro, ¡vaya usted a saber!–– cuan si fuera uno de aquellos galanes de la Fox cuando conquistaba a la chica, antes del final de la peli. Quise cambiar de acera pero me abstuve porque justo enfrente un par de borrachos se liaban a golpes con un parquímetro de la ORA, emulando a Paul Newman en La leyenda del indomable la noche antes de que lo encarcelaran. La humedad calaba hasta los huesos así que, con la idea de llegar lo antes posible a casa, decidí atajar por el parque infantil del Paseo de Begoña aprovechando que los estorninos aún no llegaron para adueñarse de árboles y farolas como si de Los pájaros se tratase, aquel film en el que a las aves les da por causar más estragos de lo normal (entendiendo por normal el hecho de cagar sobre los parroquianos a la salida de la dominical misa de doce, verbigracia)

Sacudí la cabeza cuando me percaté de que estoy más inCINErado de lo que siempre había creído, y aceleré el paso para eludir una posible emboscada de los plumiferos en una de esas vueltas de tuerca que tanto gustan a los guionistas cuando buscan un inesperado giro argumental. Y es que lo de Hitchock da miedo, pero les juro que no sé si es peor que los pajarracos ataquen con sus picos o con sus culos.

Cuando llegué a casa me puse a escribir por la sencilla razón de que no podía acostarme ya que, a causa de la niebla, tenía el cabello totalmente mojado. Así que ya ven, si ya están cansados de leer tanta tontería, el que esto llegue a su fin depende únicamente de mi frondosa mata de pelo (espero que seque pronto ––sobre todo la parte del flequillo–– porque ya estoy empezando a bostezar)

Por cierto: el cine estaba abarrotado ––aquello parecía el camarote de los hermanos Marx, no les digo más––, lo cual obliga a uno a vivir la desagradable situación de sentarse rodeado de palomiteros por todas partes. Al comienzo de la proyección todo transcurrió con normalidad, pero de pronto la chica que estaba a mi derecha se inclinó, me la cogió con naturalidad, la introdujo entre sus labios y comenzó a succionar con avidez. Quedé estupefacto y sin saber cómo reaccionar ––¡ustedes me comprenderán!––, y si me llega a salir la voz del cuerpo creo que habría gritado alto y claro aquello de “acomodador: ¡que me la están chupando!” 1

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1 –  La cañita de mi refresco, se entiende.

8 comentarios:

  1. Me lo he leido, i vivido in mente, todo con gran atención.empezando por el final, la escena de la succión, ya la había visto en el No Do, sucedía siempre que salía el gallego, de
    entonces, que como el de ahora, de este arte tiennen el oscar...
    Que bella redacción ( todas las tuyas lo son) que me ha trasladado a tiempos que
    frecuentaba los cines, cuando todavía, de tu história, lo que no se hacía era comer
    palamitas, como eran otros tiempos, las falacias, falacietas , y falaciones, eran
    sustitiudas por el conocido como movimienta nacional pajateril, vease el relato
    de Camilo José Cela, de la história del cipote de archidona.
    Sesión de cine, simios incluidos, salida, y paseo hasta llegar a casa, alucinantes,
    no es raro que en estas alucinaciones, te vieras con pelo, seguro que recordando
    el ROLLO, te viste carectirizado de simio planetário.
    Felicitarte por la habilidad de marchar, sin pisar, y llegar a casa limpio, incluso....
    de POLVO, y PAJA.....
    Flamencos saludos, amigo Oñera.

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    1. Pensé que habías regresado pero ya me dijo Joshemari que seguías en Bélgica.
      Encantado de que te gusten estas tonterías que escribo, Fernando. ¡Qué cosas ocurrían y ocurren en los cines! Y además... ¡se veían y se ven películas!
      Muchas gracias.
      Un abrazo astur, amigo.

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  2. ¡Ayyy, que se ha borrado el comentario! Bueno, después de leer el magistral, ingenioso, hilarante y refocilante comentario de Fernando, me he quedao muda, pero me he partido de la risa, que en esto tiempos confusos y desatinados, es de agradecer infinitamente. Quedo expectante a la espera del próximo relato.
    Un abrazo.

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    1. Muchas gracias por leerme, Carmen. Seguro que habrá más...
      Un abrazo.

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  3. Ja,ja,ja! Eres genial contando esas tonterías como tu llamas. Seguro que son tonterías, pero con la prosa que le pones al relatarlas, son todo un guión para un aficionado a filmar películas y no señalo a nadie.
    Son cortos pero aún se hacen más cortos al leértelos. Me encantan.
    Un abrazo

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    1. Ya sabes que, de vez en cuando, me da por escribir tonterías así. Gracias por leerlas, amigo.
      Un abrazo, Joshemari.

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  4. Hola Oñera: Buenísimo relato y con la gracia, que lo redactas más interesante aún, con esos toques de picardía, con ese final y aclaración... no dejan de ser entretenidos y cómicos, además de acuarelista, coleccionista de pipas eres un magnifico redactor de situaciones verídicas. Felicitaciones!!!! Un abrazo

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    1. Muchas gracias por leerme, Mercedes. Me alegra que te entretegan mis tonterías...
      Un abrazo.

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