jueves, 27 de febrero de 2014

MÁS SEPIOLITA


Evidentemente no todas las pipas de espuma de mar llevan un barbudo tallado en la cazoleta. Prueba de ello es la pipa que veis ahí arriba, una semicurva modelo príncipe comercializada por la firma Astas. Fue un regalo de mi madre a su regreso de un viaje a Estambul.



También esta chillum vino de Turquía. Concretamente en la maleta de mis amigos Geli y Martín. Como se puede apreciar, tiene el cuerpo tallado con motivos florales.



Fabricada por Altinay, esta pipa modelo rolex fue un regalo de reyes (de los magos de oriente me refiero, que los otros jamás me regalaron nada) Tiene la peculiaridad de que su boquilla, corta y curva, gira de tal manera que la pipa casi adopta la forma de un reloj de bolsillo.

jueves, 20 de febrero de 2014

SEPIOLITA


En esta ocasión muestro varios barbudos realizados en sepiolita (más conocida como meerschaum o espuma de mar)

Se trata de pipas elaboradas a mano por artesanos turcos, país que en la actualidad es el mayor productor mundial de este mineral.

Más valiosas son las realizadas hasta principios del siglo XX por artistas rusos, húngaros y, sobre todo, vieneses. Pero claro, esas pipas están fuera del alcance de un coleccionista modesto como yo.





jueves, 13 de febrero de 2014

MATILDE



Soy feliz. Ni siquiera recuerdo desde cuando, pero soy feliz. En realidad no es difícil, si te conformas con lo que tienes. Y yo poseo todo un mundo a mi alrededor. Como el resto de las personas, supongo. No sé, quizá el mío sea más pequeño. Un universo minúsculo a mi disposición.

Esta noche he vuelto a soñar. Voces, cuchillos y Leonardo DiCaprio ensangrentado. Esa pesadilla que se repite, de la que no consigo escapar si no es envuelta en un sudor frío que me desvela hasta que el nuevo día comienza a entrar por los agujeritos de la persiana.

Quizá hoy es sábado, mi día preferido. Ana viene a verme y paseamos por el jardín. Solemos sentarnos a resguardo del cenador y me cuenta como le va, mientras nos impregnamos de ese olor a tomillo que invade el ambiente. Luego comemos juntas y, a media tarde, ella regresa a su vida más allá del límite de mi pequeño universo.

Me gusta el paisaje que enmarca mi ventana. Siempre el mismo y siempre diferente. No me cansa observar los pequeños cambios. El sol aparece sobre los robles del parque llenando el jardín de siluetas alargadas, que alteran su forma con el paso de las horas.

Deben ser casi las ocho. Esa chica pelirroja siempre llega con el tiempo justo. Cruza corriendo la calle sin esperar a que el muñequito se ponga verde. Me agrada como dice mi nombre. Mati, así en diminutivo. Ojalá venga a visitarme.

Me gustaría saber pintar, para reproducir el jardín en otoño. Tonos ocres y árboles desnudos. Y hojas que crujen bajo las pisadas. Creo que Ana se casó en otoño. Sí, en noviembre. Recuerdo que bailé con todos los invitados. Y sentí que todo iba a ir bien al verla tan dichosa, enamorada de aquel muchacho de rostro angelical.

No me gusta la casa amarilla. Cuando no estaba los días eran más largos. Concluían con lejanos crepúsculos sobre las colinas. Hasta que llegaron los obreros con sus grúas, máquinas y ruidos. ¡Dios, cuánto ruido!  Y redujeron mi mundo levantando ese edificio que acorta mis tardes y, con su sombra, vuelve grises los colores del jardín.

Parece que va a llover. Me encantan estos días grises en que las gotas se precipitan contra la ventana, deslizándose luego como lágrimas sobre mejillas de cristal. ¿Cuánto hace que de mis ojos no brota una lágrima? Sí, seguro que hoy llueve. Si es sábado no podremos salir al jardín.

Tampoco Ana suele llorar. Creo que desde niña no lo volvió a hacer. Hasta que una noche se presentó en mi casa sollozando, con aquel vacío en la mirada que nunca pude olvidar. Desfigurada por los golpes recibidos. Aterrada. Abatida. No sé qué ocurrió después. Sangre, gritos, un reflejo metálico en el confín de mi mano. Cuando consiguieron apartarme lo vi, tendido inerte en el suelo. Con ese aire a lo Leonardo DiCaprio, pero sin la sonrisa de niño bueno con la que nos había conseguido encandilar.


––Buenos días, Mati ––saludó mientras la observaba sentada frente a la ventana––. ¿No me das los buenos días? Bueno… ¡mañana ya estarás más habladora! Ahora vamos a tomar este par de pastillas.

Sin dejar de mirar al exterior, Matilde acercó a sus labios el vasito de plástico que contenía la medicación. Después se ayudó de un poco de agua para tragar los comprimidos.

––Abre la boca. Levanta la lengua. ¡Muy bien Mati! Enseguida te traen el desayuno…
––¿Es sábado?
––¡Vaya! Cuando quieres sí que hablas, ¿eh? ––le dijo apartándose un mechón anaranjado que se empeñaba en caer sobre su frente––. Hoy es jueves. ¡Anímate mujer! Ya queda poco para que venga tu hija a verte.

lunes, 3 de febrero de 2014

MADERA TALLADA


En el último post que dediqué a mis pipas mostré un par de barbudos tallados en madera. Evidentemente no es necesario tener pelo en la cara para ser protagonista en la cazoleta de una cachimba, como demuestra el toro que veis ahí arriba.


Tampoco tiene barba el personaje alado que sujeta a sus espaldas el hornillo de esta larguísima pipa.

Del mismo estilo que la anterior, ésta tiene un par de cobras talladas a ambos lados de la cazoleta.


Más sencilla es esta pipa curva, cuya cazoleta descansa sobre los motivos vegetales que la rodean.


Como veis tampoco tiene barba el fauno que talló mi amigo Mario en esta otra pipa curva.



También es imberbe el rostro tallado en esta Chillum, tipo de pipa con forma cónica que procede de la India.