sábado, 19 de diciembre de 2015

LA GRAN CARRERA



En realidad no sabía por qué lo había hecho. Pedro el Colorao nunca había sido un fanfarrón ni aquel día había bebido más que en otras ocasiones. Lo soltó de repente, sin pensarlo, una tarde en la Tasca del Manco. Y acabó con el vaso de vino en alto y recibiendo palmadas de ánimo de los demás parroquianos.

Más tarde pensó que en mala hora se le había ocurrido asegurar que podía segar más rápido que la nueva máquina del marqués, pero ya no podía volverse atrás. Siempre había sido un hombre de palabra, bien considerado por los patrones y respetado por el resto de campesinos.

La noticia de aquel reto no tardó en convertirse en el tema principal de todas las conversaciones. El Colorao, el mejor segador de la comarca, contra esa jodida máquina que había dejado sin trabajo a muchos jornaleros de la región.

En la tasca el Manco animaba el cotarro con una porra, en la que las apuestas siempre se inclinaron a favor de la máquina. “Apostaría por Pedro, pero ahora que quedé sin jornal no puedo arriesgar”, se justificaban la mayoría de los clientes.

Pronto el acontecimiento se convirtió en la principal atracción de las fiestas de ese año, fijándose la competición a las doce del mediodía en la vega del tuerto, tras asistir a la misa en honor a San Isidro Labrador.

Don Andrés pronunció unas palabras y bendijo los campos bajo un sol abrasador. Después se unió al grupo formado por el alcalde, el marqués y sus acólitos, que reían seguros de su superioridad brindando a la sombra del toldo de autoridades. Llegados de todos los pueblos de la zona, el resto de los presentes esperaban nerviosos el desenlace. Algunos dudaban si no sería mejor perder el dinero de la apuesta y que Pedro dejase a los poderosos con un palmo de narices.

En la línea de salida el Colorao escupió las manos y agarró con fuerza la guadaña. El capataz del marqués arrancó la máquina y estiró su bigotillo para dedicar a su oponente una sonrisa mordaz. “Una franja de metro y medio de ancho hasta el molino de los patos”, les recordó el secretario del consistorio. Luego Andreita, la hija del boticario, hizo por fin la señal que indicaba el inicio de la carrera.

Y ganó la máquina, claro. Con diferencia.

12 comentarios:

  1. Pues, egoísticamente, me parece, estoy seguro, que el que ganó fuí YO,
    que he tenido el placer de leer este humano relato costumbrista, mezcla de
    literatura y cinema, propia, la mezcla, de mi amigo Oñera.
    Me has tenido, supongo que como a todos, a la espera de un FINAL FELIZ,
    un final poético, enternecedor, emotivo..... y como en la vida .... ha triunfado
    la puta realidad..... sin posibilidad de sueños .
    Lo crudo, si bien servido, como un chuletón, está muy rico !!!!!!

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    1. Imagínate que acaba ganando el Colorao...
      Los finales felices están sobrevalorados, Fernando.
      Mil gracias por leerme, amigo.
      Un abrazo.

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  2. Hola Oñera, paso a desearte unas felices fiestas y lo mejor para el año que entra, llevo una temporada sin tiempo para nada.

    Un abrazo

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    1. También yo ando bastante liado, Olga. Feliz Navidad y próspero año nuevo.
      Un abrazo.

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  3. Oñera gracias por tus bonitas visitas.
    Te deseo todos los parabienes en estas fiestas.
    Y un 2016 maravilloso. Abrazos.

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    1. Gracias a ti por estar siempre por aquí, Mariluz.
      Felices Fiestas y próspero año nuevo.
      Un abrazo.

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  4. Joer, yo que seguí con atención la historia del colorao, el manco y el tuerto, tos tocaillos por algo y estaba apostando mentalmente mientras leía, por el colorao. De entrada, siempre me cae mejor el que parece más débil... Pues no, la puñetera vida, te enseña que no todo es como uno desearía. Pero eso sí, me iría con el colorao y el tuerto a tomar esos vinillos a la tasca del manco. Eso que habría ganado.
    Un abrazo.

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    1. Pues también me apunto a tomar esos vinos, Joshemari. Así somos cuatro y podemos jugar una partida...
      En la vida ya se sabe: una de cal y una de arena.
      Un abrazo, amigo.

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  5. Hombre, nooooo...
    No puede ser. Una, como es una idealista, pues se había aferrado a la posibilidad de que el buen hombre ganara a la máquina. Porque además, a fin de cuentas, la máquina, que ni siente ni padece, no va a exteriorizar ninguna emoción inherente al hecho de vencer al hombre... No hay derecho, hombre, noooo... esta sobredosis de cruda realidad estando ya en estado pre-navideño...

    Abrazotes
    Posdata: voy a zamparme una hojaldrina a ver si se me pasa este disgusto...

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    1. En esta ocasión la sorpresa es la falta de sorpresa, Marga. Gana la máquina antes, durante y después de Navidad...
      Un abrazo.

      PD - zampate dos hojaldrines, que en estas fechas se permiten los excesos.

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  6. Felices fiestas Oñera, ya veo que no paras. Me gusta mucho lo que haces. Un abrazo muy fuerte

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    1. Ando bastante liado esta temporada, Rosa.
      Muchas gracias por tus palabras.
      Feliz Navidad.
      Un abrazo.

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