viernes, 19 de junio de 2015

VESTIDITA COMO PA IR DE BODA


Así veo yo a esta pipa. Preparada con sus ornamentos y predrerías de los domingos y fiestas de guardar. Y así de guapa luce. ¿O no?

lunes, 8 de junio de 2015

JUGANDO AL GUA



El terreno tenía caída hacia el lado contrario al gua y volvía a ascender justo donde estaba situada la bola de mi contrincante, con el consabido peligro de que nuestras canicas quedasen juntas si no conseguía impactar con la energía suficiente, lo que permitiría que rodasen a la par buscando el sitio más favorable (cualquier jugador de canicas sabe que si dos bolas quedan en contacto entre sí pierde quién realizó la última jugada)

Una vez estudiado el campo de juego disparé con fuerza mi canica preferida ––era de cristal transparente, con una mancha blanca y azul en su interior que se asemejaba a un pájaro––, la cual salió rodando en busca de su objetivo casi a la vez que alguien se acercaba vociferando que en el cine del barrio iban a poner una peli de Marilyn.

Corrimos a mirar las carteleras y allí estaba esperándonos con su célebre vestido blanco de vaporosa tela al viento, permitiendo sin ningún tipo de falso pudor que admirásemos sus piernas de perfecto torneado. Coqueteando con su mirada de ingenua y su sonrisa carnosa. Inclinada hacia nosotros como si el vestido fuese de cuello alto en vez de tremendamente escotado, dejándonos con aquella sensación de que sus pechos iban a salirse de un momento a otro. No, no cayó esa breva (o, para ser más exactos, ese par de brevas)  A pesar de que eran sólo fotografías, a todos ––sí a todos, estoy seguro de ello–– nos apetecía tocarla o, no sé, acariciarla quizá.

Siempre sensual, sus primeros planos ––primerísimos diría yo, de esos que no consiguen encuadrar el rostro completo–– te dejan anonadado ante tal belleza. Los planos largos, en cambio, te permiten escudriñar al milímetro su escultural figura. Aquel día que conocimos a Marilyn Monroe, o al menos el día que comenzamos a mirarla de aquella manera, todos los chavales del barrio nos enamoramos de ella.

Sí, ya sé que no es el tipo de chica que a nuestras madres les gustaría tener como nuera. Sin embargo estoy seguro de que cualquiera de nosotros habría entregado sin rechistar su bolsa de canicas, sus mejores chapas enchapadas ––tenía yo una de Mirinda, con la foto de El Tarangu dentro, que cuando se deslizaba casi no tocaba la acera–– e incluso su colección de tebeos de El Capitán Trueno a cambio de estar un instante a su lado. Más aún: aquel día habríamos regalado la totalidad de nuestros juguetes sólo por haber visto aquella película. Y es que, aunque el cartel del film aseguraba que La tentación vive arriba, lo que a nosotros nos tentaba eran las fotos que veíamos en el interior de aquellas vitrinas que colgaban de la fachada del cine.

¡Y no quieran saber lo que éramos capaces de imaginar que podía ocurrir en la pantalla de aquella sala!  Aunque lo cierto es que fue el Metro de New York, al pasar por aquella esquina de Manhattan, quien levantó la falda a Marilyn para deleite de varias generaciones.

¿Habrá algún insensato ––me pregunto–– que aún tenga dudas sobre la conveniencia del tren suburbano en la villa de Gijón?

Por cierto: aquel día perdí mi canica preferida ––la que tenía dentro un pajarito  blanco y azul, ¿recuerdan?–– pero me importó un bledo. Después de conocer a Marilyn uno ya se sentía mayor para jugar al gua y demás tonterías. A partir de entonces los muchachos de la pandilla comenzamos a mirar a las chicas de otra manera, a fumar Celtas a escondidas y a medir quién era el que meaba más lejos. Emprendimos, en suma, ese largo camino que conduce a la madurez, ya me entienden.
Adiós infancia. Bienvenida Marilyn, Norma Jean, pubertad . . .


¡¡Y TODO PORQUE ESTA PIPA ME RECORDÓ A AQUELLA CANICA!!

jueves, 4 de junio de 2015

DIBUJANDO EN SALAMANCA


Buscando sitio cómodo en el huerto de Calisto y Melibea para dibujar las cúpulas de las Catedrales.


Descansando en una terracita de la Rua Mayor, aprovecho para esbozar esa torre de la Catedral Nueva que me quedaba enfrente.


Siendo adicto a las farolas no pude resistir la tentación de hacer este dibujo al pasar por la Plaza Mayor.


Desde una esquina del claustro del Monasterio de San Esteban decidí dejar constancia en el cuaderno de este templete.

lunes, 1 de junio de 2015

OTRAS DOS DE CRISTAL


¡Qué decir de este par de ejemplares!  Pues lo mismo que de los anteriores mostrados en este espacio: transparencia y delicadeza en forma de pipa.