jueves, 18 de febrero de 2016

LA MUJER DEL CUADRO


Sí, me hechizó. Estoy seguro. Juro que, a pesar de los años transcurridos, nunca pude olvidar la turbación de aquel instante, cuando la descubrí desnuda en aquel maldito cuadro. Quise conocer a la modelo, pero el autor me confesó que había sido fruto de su imaginación. Desde entonces la busco en todas las mujeres a las que mi billetera consigue quitar la ropa.
Ahora ni siquiera puedo verla, desde que quemé el cuadro en un arrebato de locura. Cuando aquella chica de mis sueños ya hacía tiempo que se había convertido en la mujer de mis pesadillas.
Y aún hoy, viejo y enfermo, me sorprendo imaginándola vestida.

10 comentarios:

  1. Jiiiii, pues sí, ya lo decía mi abuela, mejor insisuar que dejar todo al descubierto. La diferencia está en que ella pensaba que descubrirlo todo era negar el placer de imaginar mientras que tu narrador sufre de desgaste imaginativo derivado por vestirla (y con lo veloz y cambiante que es la moda... Lo tiene crudo tu pobre narrador, Brad mío ;D). Ah, si mi abuela pudiera leer esto...

    Abrazotes gordotes

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    1. Las abuelas siempre fueron sabias, Marga. Con conocimentos inatos y/o adquiridos con los años. ¡No les hacía falta leer!
      Un abrazo.

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  2. Hola Oñera, cómo me gusta lo que haces. Grabado también.
    Un placer visitar tu espacio.
    Un abrazo

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    1. Agradezco tus palabras, Rosa.
      El placer es mío por tenerte por aquí...
      Un abrazo.

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  3. Menudo drama, socioeconómico sexual.
    Pobre, nuestro protagonista, relator, de joven y
    en època de celo, emulaba a los ciervos, corriendo
    en busca de delicioso aparejamiento, como era tan feo
    estaba obligado a mostrar la pasta para ver un ombligo,
    tiempos, eran, de gran sequía, y el no muy ducho ni
    ufanoso, solo pescó una lagarta, que idealizó, en su delirio,
    y la imaginó, nunca mejor dicho, cual suprema imagen en
    pedestal, enmarcada en lujoso cuadro.
    Otra no había, y la lujuriosa lagarta le sacó todo el jugo, y
    el dinero, mientras ella iba envejeciendo, y cual pasa, perdía
    la tersura, en pro de envilecedoras arrugas.
    Hasta que un dia, nuestro amigo, sin blanco ni blanca, asqueado
    de la impúdica, decidió passar de ella, vivir de, y en, modesta
    pensión, en su locura, en las frías y solitárias noches, deliraba mientras
    se le aperecía la imagen, pellejera y arrugada, de la que fué y no era,
    y con gran y demente alarido, mientras entrgaba su alma al diablo,
    gritaba a todo pulmón.... Tapate, coño !!!! asquerosa..... !!!!.

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    1. ¡Qué bueno! Estoy pensando que lo mejor sería subir tus comentarios ahí arriba y bajar mis microrrelatos aquí...
      Eres un fenómeno, Fernando.
      Un abrazo.

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  4. Hola Oñera!! Como me divierto con estas historias, y los relatos de tu amigo Fernando, como diria Cervantes "la cesera" llena de imaginación.....Un abrazo y un lindo fin de semana!!

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    1. Muchas gracias, Merdedes. Como ves la sesera de Fernando siempre está en constante ebullición. ¡Por algo le dicen el Ilustre!
      Un abrazo.

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  5. Qué bien mezclas esas historias que con tanto esmero relatas. Me suele gustar ese fondo que tienen todas ellas. Producto de mucha imaginación. Luego aparece el ilustre que le da la vuelta añadiendo otra historia, dentro de la anterior. Jo, cuanta imaginación hay en vosotros! Os lleva a alguna parte, tanta imaginación? Unos dicen que al poder... pero, y a vosotros?
    Que sí, mi Margot, tienes más razón que un santo y... ya lo decía tu abuelita!!!
    Son minirelatos y maxirelatos, todos ellos mezclados, que hacen que estas páginas ... sean muy sabrosas!!
    Un fuerte abrazo.

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    1. Creo que la imaginación nos lleva a seguir imaginando, Joshemari. Al menos espero que así sea.
      Lo del Ilustre no tiene nombre, amigo. Sabe dar vueltas a las historias con ese sentido del humor único que atesora.
      Muchas gracias.
      Un abrazo.

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