TALLER DE NARRATIVAEjercicio - En esta ocasión la profesora toma un relato del escritor colombiano GUSTAVO ARANGO titulado SU ÚLTIMA PALABRA FUE SILENCIO, y propone crear una nueva historia a partir de su primera frase : "Si no estoy muerta, si no es que alguien me sueña o me imagina, me balanceo y hace frío"
Si no estoy muerto, si no es que
alguien me sueña o me imagina, me balanceo y hace frío. Aquí, en el balcón. Sintiendo
su ausencia. Esperándola. Llorando.
Desde que se
fue paso las noches sin perder de vista la calle, con la esperanza de verla
aparecer por la esquina del bulevar. Anhelo volver a verla mirar hacia los
lados y cruzar como siempre a la carrera, sin aguardar a que se ilumine el
muñequito verde del semáforo.
Todas las
noches idénticas. La calle desierta, apenas iluminada por la mortecina luz de las
farolas, en un silencio rasgado por los graznidos de las gaviotas en el puerto.
A veces se asemeja al llanto de un niño. Repetitivo. Constante. Quizá la espera
fuese más llevadera en un mundo sin gaviotas. O tal vez no. No sé.
A las tres
menos cuarto, siempre a las tres menos cuarto, el camión de la basura. El peor
momento de la noche, con el motor al ralentí y las voces de los basureros rompiendo
la monotonía de la espera. Y ese pitido, rítmico e irritante, cuando retrocede
hasta perderse de nuevo por la esquina. No me gustaría que ella volviese en ese
instante. No, a las tres menos cuarto no.
Luego de nuevo
la soledad. Sirenas de ambulancia que se pierden en la distancia. Esa farola, de
luz temblorosa e intermitente, que hace que las sombras cobren vida sobre las
fachadas. Algún ladrido callejero que se ahoga en la penumbra. Dos borrachos
que discuten, ni ellos saben muy bien de qué. Y de pronto, con el alba, la
ciudad que vuelve a cobrar vida. Los primeros obreros camino de la fábrica. El
estruendo de esa máquina que con celeridad limpia las calles. La persiana de la
panadería que chirría al elevarla.
Tal vez regrese
hoy. Sí, seguro que prefiere venir con la luz de la mañana. Así todo es más
fácil. Me explicará los motivos de su marcha. Aclarará mis dudas y todo volverá
a ser como antes.
Este
es nuestro contestador. Si quieres decirnos algo habla después del pitido,
pero cuidado que te estamos grabando: ¿Qué pasa tío? ¿Qué es de tu vida? No
coges el teléfono ni devuelves los mensajes. Estoy preocupado. No te dejas ver
desde… bueno, desde que ella se fue. Ya sabes que me tienes aquí para lo que
sea. Ánimo.
¡Otra llamada!
¡Es que no se va a cansar nunca! ¿Por qué sabrá que se fue? No se lo dije a
nadie. ¡Está con él! Joder… ¡seguro que está con él! ¡Me dejó por ese capullo,
la muy puta! No, no puede ser. A ella nunca le cayó bien. Además, cuando la
conocimos me eligió a mí. Sabía que los dos estábamos colgados por ella y me
eligió a mí. Fue el día que le regalé aquella tarjeta con un dibujo de El
Principito. Le encanta El Principito. Lo leí de un tirón y rotulé en la tarjeta
aquella frase. ¿Cómo era? Hace tanto tiempo que ya ni me acuerdo ¡Ah, sí! “Si vienes a las cuatro, comenzaré a ser
feliz a las tres”.
¡Que aspecto
tengo! Estoy hecho polvo, con esta barba grisácea tan desarreglada. ¡Y esas
ojeras! Me veo más delgado. Debería afeitarme. No quiero que cuando llegue me
vea así.
Ya casi no
queda qué comer. La nevera vacía y en el armario apenas un par de latas. Pero
no puedo salir a comprar y arriesgarme a que ella vuelva mientras tanto. Seguro
que de hoy no pasa. Aunque no sea para quedarse, tiene que regresar a por sus
cosas. No se llevó ropa, ni documentación. Eso es que tiene pensado volver. Se
dará cuenta que me quiere y volverá para quedarse.
Voy a colocar
sus fotos sobre la cómoda. No debería haberlas retirado. ¡Mejor así! ¡Que
cuando entre no encuentre nada cambiado!
Este
es nuestro contestador. Si quieres decirnos algo habla después del pitido, pero cuidado
que te estamos grabando: Hola hijo. ¿Cómo estás? Te llamo porque es el
cumpleaños de Dani. ¡Dos años ya, fíjate! Vamos a comer todos juntos para
celebrarlo y nos gustaría que vinieses. Aunque ella no esté, sabes que para nosotros eres de la familia. ¡Llámame!
¿Su madre
también lo sabe? Seguro que la llamó para decirle donde está. No, ella no haría
algo así. Primero hablaría conmigo, antes de dar explicaciones a los demás. Debería
desconectar el teléfono para evitar más llamadas inoportunas. Pero no. No
puedo. Tal vez llame para decirme que regresa. O para asegurarse que estoy en
casa, porque también se dejó la llave.
Me gusta oír
su voz en el contestador. Aunque sea con ese tono metálico de la grabación. Recuerdo
el día que lo registró. Estuvo toda la tarde pensando qué decir. No quería un
mensaje como el de los demás. Le gusta ser original, diferente.
A pesar de que
no dejo de regarla, a la planta del salón cada vez le faltan más hojas. Incluso
una vez añadí al agua una aspirina machacada, como hace ella de vez en cuando.
¿También tú la echas de menos, eh? ¡A ver si te recuperas! ¡No quiero que
cuando regrese piense que no te he cuidado!
Seguro que
tengo la culpa de todo. Algo habré hecho que provocó su marcha. O quizá dije
algo que la ofendió. No sé. Cuando vuelva le pediré perdón. Sí, conseguiré que
me perdone aunque que se lo tenga que pedir de rodillas.
Anochece.
Quizá sea mejor así. Puede que prefiera venir de noche. Sin miradas
indiscretas. Evitando la posibilidad de encontrarse con algún vecino. Tengo que
estar preparado. Definitivamente la noche es mejor para el reencuentro.
Este
es nuestro contestador. Si quieres decirnos algo habla después del pitido, pero cuidado
que te estamos grabando: Hola. ¿Estás ahí? Me gustaría volver…
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Desde que se fue
de nuevo apenas lloro esperándola aquí en el balcón. Sintiendo su ausencia. Hace
frío y me balanceo, si no es que alguien me imagina o me sueña, si no estoy
muerto.





