viernes, 30 de septiembre de 2011

PAÍS VASCO - CUADERNO DE VIAJE

CUADERNO 15x21 CM
SEPTIEMBRE 2011

IGLESIA DE SAN ANTÓN - BILBAO
Estilógrafo y acuarela


ESCULTURA MAMÁ - BILBAO
Rotulador calibrado y pincel de agua


IGLESIA DE SAN NICOLÁS - BILBAO
Estilógrafo y acuarela


MUSEO DIOCESANO - VITORIA
Rotulador calibrado y pincel de agua


IGLESIA DE SAN MIGUEL - VITORIA
Estilógrafo y acuarela


PARQUE DE LA FLORIDA - VITORIA
Rotulador calibrado y pincel de agua

martes, 27 de septiembre de 2011

GRACIAS KUBI


Acabo de llegar a casa, después de un corto viaje por el país vasco. Acabo de llegar digo, y lo hago con un montón de fotos, unos cuantos dibujos, gratas experiencias vividas y recuerdos de momentos maravillosos.

La culpa de la desmesurada cantidad de fotografías la tiene el dedo índice de mi mujer y de los dibujos en mi cuaderno no hay más culpable que mi mano derecha. Pero el responsable de muchas de las estupendas experiencias y de gran parte de los buenos recuerdos no es otro que José Luis López “Kubi”.

Kubi (acuarelaskubi.blogspot.com), además de gran dibujante y acuarelista, es un tipo genial. Cambiando citas en su apretada agenda –por mi culpa tuvo que trabajar el sábado– fue un anfitrión excepcional. Además de hacer las veces de guía y taxista compartiendo tarde y noche, nos presentó a su familia y amigos (con éstos últimos se lía a cantar a la primera ocasión, haciendo gala de un chorro de voz que impresiona)

Gracias por todo, Kubi. Recuerdos a la gente del txoco y un beso grande a Rocío y los niños. Nos vemos pronto, amigo.

Por cierto: a la acuarela que hay ahí abajo ya le adjudicó mi mujer un sitio en la pared del salón. A estas otras que podéis ver si pincháis aquí no tardará en encontrarles un hueco.


domingo, 18 de septiembre de 2011

PERO... ¿OTRO ÁRBOL?

Acuarela sobre papel Guarro 300 gr. (25x19 cm)

Cansado de estropear papel voy a lo fácil y hago esta especie de retrato de un árbol, que es lo que más me gusta pintar.

Ojalá también guste a todos los que soléis pasar por aquí.

jueves, 15 de septiembre de 2011

CLOK


Acuarela sobre papel Guarro 300 gr. (25x38 cm)


Veo esa carretera perderse al final de las casas y no puedo evitar recordar aquellas dichosas excursiones que nos programaban los curas del colegio. ¡Menudo rollazo!. Menos mal que aquellas salidas fuera del centro no se hacían muy a menudo. Ni siquiera me acuerdo de a qué lugares nos llevaban. Lo que no se me olvida es aquella canción que entonábamos en el autocar:

Que buenos son
los padres del colegio.
Que buenos son
que nos llevan de excursión.
Que viva España y su tradición
y los padres del colegio
que nos dan la educación.

Y es que antes en el cole cantábamos mucho. Y no sólo cuando nos llevaban a la iglesia (Alabaré, alabaré, alabaré, alabaré, alaaabaré a mi Seño o or). En clase de geografía teníamos una cantinela para los ríos (El Duero nace en los picos de Urbión, provincia de Soria, pasa por Soria y Zamora y desemboca...) y en la de historia otra parecida para los reyes godos (Ataulfo, Sigerico, Walia, Teodorico, Turismundo, Teodorico II ...). ¡Pero si no nos librábamos de los dichosos cánticos ni en clase de matemáticas! (Recuerdan: siete por uno es siete, siete por dos catorce, siete por tres ...)

Recuerdo que durante el mes de mayo –el mes de las flores, decían– entonábamos a diario un bonito tema que decía:

Venid y vamos todos
con flores amarillas
con flores a porfía
que madre nuestra es.

Me extrañaba aquel empecinamiento por el color amarillo de las flores. Siempre me parecieron igualmente bonitas las de color rojo o violeta, verbigracia. Tampoco conocía a esa tal Porfía, que por lo visto madre nuestra era. Me limitaba a cantar mecánicamente y punto, sin pensar si la letra de la canción tenía algún significado. Hasta aquel aciago día que el cura pasó cerca de mi pupitre y me escuchó cantar la florida estrofa.
–Un momento de silencio por favor, que su compañero Oñera nos va a interpretar su particular versión de ésta canción.
Sin dejar de hablar me cogió de la oreja y me llevó en volandas hasta la palestra.
–Cante, cante. Estamos ansiosos por escucharle.
–Pero padre... ¿yo sólo?
–Sí señor: usted sólo. Deléitenos.
Siempre canté muy mal, para qué les voy a engañar, pero no iba a ser yo el único de la clase con aptitudes musicales prácticamente nulas. Así que, sin saber qué era lo que me diferenciaba de los demás, comencé a cantar, ¡qué remedio!

Venid y vamos todos
con flores amarillas...

La carcajada que me impidió continuar fue monumental. Y tras el cachondeo de todos los alumnos de la clase –exceptuando al que escribe estas líneas, claro–, el sacerdote entró en acción.
–Así que con flores amarillas, ¿eh?
Clok (me dio un capón)
–¡Con flores A MA-RI-A!. No amarillas
Clok
–¡A MA-RI-A!
Clok

Ya saben: copiar cien veces la dichosa canción y de recuerdo un hoyo de por vida en el centro de mi calva, creado por la reiteración de los “cloks” recibidos.

lunes, 12 de septiembre de 2011

CASTILLO DE SALAS


El 11 de enero de 1986 embarranca frente a las costas gijonesas el buque Castillo de Salas, un granelero cargado con 100.000 toneladas de carbón. Tras varios intentos en vano por salvarlo, finalmente el barco se hunde con toda su carga. A pesar del tiempo transcurrido el mar sigue devolviendo restos de carbón, esparciéndolos entre la arena de la Playa de San Lorenzo.

25 años después de éstos hechos, en la pasada Feria de Muestras de Asturias, descubrí en un puesto de artesanía egipcia una pipa de cristal que me gustó. La delicada pieza no llegó entera a casa, ya que durante el traslado recibió un golpe y su base se hizo añicos.

Recurrí entonces a mi amigo José Antonio, excelente artesano de la piel y el cuero, maestro belenista y, como queda demostrado en el caso que nos ocupa, artista de virguerías varias.

No podía haber dejado en mejores manos la pipa accidentada, ya que con mucho ingenio, un poco de masilla (no sé si se llama así este material) y unas gotas de pintura, ahora luce en mi vitrina tan sana y lozana como la podéis ver.

Supongo que ya habréis adivinado que esos adornos negros son dos pequeños trozos de carbón del Castillo de Salas, que José Antonio recogió en la playa para tal fin.


viernes, 9 de septiembre de 2011

LUCIÉRNAGAS FURIOSAS


Acuarela sobre papel Cartiera Magnani 300 gr (25x38 cm)


Desde hace un tiempo suele cantar por las calles de Gijón una inmigrante llegada desde algún país del Este. Actúa con música enlatada, a la que añade su voz entonando la letra de la canción. El otro día se dio la coincidencia de que cuando yo pasaba ofrecía a los viandantes un conocido bolero –antaño interpretado por Antonio Machín– que con su precario castellano comenzó de la siguiente manera:

Dos garduñas para ti
con ellas quiero decir
te quiero, te adoro, mi viiiida.

Sí amigos, por lo visto así son de detallistas los enamorados por aquellos lares: ofrecen a su amada un par de animalejos que se asemejan a dos ratas alargadas.

Pero que no seré yo, acostumbrado a oír todo tipo de mensajes en las canciones, quién critique las costumbres de otros lugares u otras culturas. Sin ir más lejos recuerdo como, en las fiestas de mi barrio allá por los años setenta, un vocalista de orquesta versionó –supongo que animado por la sidra o “la coñá”– un famoso tema de Manolo Escobar:

No me gusta que a los toros
les pongas la minifalda.

¡Y es que sobre gustos no hay nada escrito!. A mí, por ejemplo, nunca me gustó cómo bailaba Lolita, hecho que quedó demostrado en uno de los guateques de mis años mozos, en el que acabamos todos saltando al ritmo del Dúo Dinámico y vociferando aquello de:

Looolita
tú tienes una forma de bailar que me fastidia.
Looolita
contigo yo quisiera tuistear toda la vida.

Aunque lo cierto es que nunca nadie llegó tan lejos en el difícil arte de cambiar la letra de las canciones como en el caso –y esto no recuerdo dónde lo escuché – de aquel tema clásico de Carlos Gardel:

El día que me quieras
la rosa que engalana . . .
. . . y un rayo misterioso
arácnido en tu pelo
luciérnaga furiosa
que verá que eres miii
consueeelo.

Claro que en el mundo de los arácnidos prefiero no adentrarme. ¡Y mucho menos en el de las luciérnagas, ya que presumo que furiosas pueden ser peligrosas!

martes, 6 de septiembre de 2011

¡¡PORRAS!!


El terreno tenía caída hacia el lado contrario al gua y volvía a ascender justo donde estaba situada la bola de mi contrincante, con el consabido peligro de que mi canica y la suya quedasen juntas si no conseguía impactar con la fuerza suficiente, lo que permitiría que rodasen a la par buscando el sitio más favorable (cualquier jugador de canicas sabe que si dos bolas quedan en contacto entre sí –porras llamábamos nosotros a esa situación– pierde quién realizó la última jugada).

“¿Valen porras?” pregunté por si pillaba a Pérez desprevenido, pero ante su rotunda negativa no me quedó más remedio que medir sobre el suelo dos palmos para acercar lo más posible mi canica a la suya y apuntar con el mayor tino posible.

“¡No se vale manga!” advirtió mi rival en cuanto se percató de que adelantaba mi mano derecha más de lo permitido por las reglas del juego. Haciendo caso omiso disparé con fuerza mi canica preferida –era de cristal transparente, con una mancha amarilla y gris en su interior que se asemejaba a un pájaro–, la cual salió rodando en busca de su objetivo casi a la vez que Diptongo se acercaba vociferando que en el cine del barrio iban a poner una peli de Marilyn.

Corrimos a mirar las carteleras y allí estaba esperándonos, con su célebre vestido blanco de vaporosa tela al viento, permitiendo sin ningún tipo de falso pudor que admirásemos sus piernas de perfecto torneado. Coqueteando con su mirada de ingenua y su sonrisa carnosa. Inclinándose hacia delante, como si el vestido fuese de cuello alto en vez de tremendamente escotado, dejándonos siempre con la sensación de que sus pechos iban a salirse de un momento a otro. No, no cayó esa breva (o, para ser más exactos, ese par de brevas). A pesar de que sabíamos que sólo eran fotografías, a todos –sí a todos, estoy seguro de ello– nos apetecía tocarla o, no sé, acariciarla quizá.

Siempre sensual, sus primeros planos –primerísimos diría yo, de esos que no consiguen encuadrar el rostro completo– te dejan anonadado ante tal belleza. Los planos largos, en cambio, te permiten escudriñar al milímetro su escultural figura. Aquel día, el día que conocimos a Marilyn Monroe –o al menos el día que comenzamos a mirarla de aquella manera– todos los muchachos del barrio nos enamoramos de ella.

Sí, ya sé que no es el tipo de mujer que a nuestras madres les gustaría tener como nuera. Sin embargo estoy seguro de que cualquiera de nosotros hubiese entregado su bolsa de canicas, sus mejores chapas enchapadas –tenía yo una de Mirinda, con la foto de El Tarangu dentro, que cuando se deslizaba casi no tocaba la acera– e incluso su colección de tebeos de El Capitán Trueno por haber estado un instante a su lado. Más aún: aquel día habríamos regalado la totalidad de nuestros juguetes sólo por haber visto aquella película. Y es que, aunque el cartel del film aseguraba que La tentación vive arriba, lo que a nosotros nos tentaba eran las fotos que veíamos en el interior de aquellas vitrinas que colgaban de la fachada del cine.

Y no quieran saber lo que éramos capaces de imaginar que podía ocurrir en la pantalla de aquella sala. Aunque lo cierto es que fue el Metro de New York, al pasar por aquella esquina de Manhattan, quien levantó la falda a Marilyn para deleite de varias generaciones.

¿Habrá algún insensato –me pregunto– que aún tenga dudas sobre la conveniencia del tren suburbano en la villa de Gijón?

Por cierto: aquel día las bolas quedaron en porras y perdí mi canica preferida –la que tenía dentro un pajarito amarillo y gris, ¿recuerdan?– pero me importó un bledo. Después de conocer a Marilyn uno ya se sentía mayor para jugar al gua y demás tonterías. A partir de aquel día los muchachos de la pandilla comenzamos a mirar a las chicas de otra manera, a fumar Celtas a escondidas y a medir quién era el que meaba más lejos. Emprendimos, en suma, ese largo camino que conduce a la madurez, ya me entienden.
Adiós infancia. Bienvenida Marilyn, Norma Jean, pubertad . . .

sábado, 3 de septiembre de 2011

DESDE RUSIA CON AMOR


Sí, ya sé que James Bond no fuma en pipa. Además en este caso no se trata de encamarse con la guapa de turno –como suele hacer el agente secreto– sino de amor filial, ya que estas pipas me las trajo mi hermano Juan de Moscú allá por los años ochenta, antes de que la URSS se fraccionase en un montón de países de nombre impronunciable para complicar la existencia a los presentadores del telediario (de los estudiantes de geografía, que se tienen que aprender sus nombres y capitales de memoria, ya ni les cuento)

La pipa que os muestro encima del texto es de cerámica con tapa de metal, un diseño clásico de la Europa occidental. La que podéis ver ahí abajo es un pipa recta de madera tintada en dos tonos (aunque en la foto casi no se aprecia), con grabados tanto en la cazoleta como en la boquilla.

Es evidente que estas piezas merecen un lugar destacado en mi colección. Y si el Lleins Bon no las quiere fumar, pues . . . ¡peor para él!