jueves, 29 de diciembre de 2011

CAFÉ GIJÓN - ENERO 2012


Pues eso, lo que dice el cartel: durante el próximo mes de enero se exponen en el Café Gijón varias obras de mi serie Vida y Color (si queréis saber de qué va lo podéis ver aquí )

A los que os pille cerca podéis pasar por allí y me comentáis qué os parece (ya sabéis: aunque sea la verdad) Para los que estéis lejos haré una entrada con fotos de la expo y así os podéis hacer una idea.
¡¡FELIZ AÑO NUEVO!!

lunes, 26 de diciembre de 2011

OTRA MARINA QUE NO LO ES

Acuarela sobre papel Art&Desing 220 gr (35x16 cm)

Vuelvo al formato vertical para intentar reflejar otro retazo de la costa asturiana. En esta ocasión es, de nuevo, un rincón a orillas de la Ría de Villaviciosa.

jueves, 22 de diciembre de 2011

EN NAVIDAD

Acuarela sobre papel guarro 300 gr (24x32 cm)

Un paisaje nevado muy propio de estas fechas, con el que os deseo de corazón unas muy felices fiestas, y que el nuevo año sea un camino de rosas donde todas las noches sean Nochebuena y todos los días sean Navidad.

sábado, 17 de diciembre de 2011

NAVIDAD, ERRE QUE ERRE



Este año me pilló despistado. La Navidad, digo. Llegó de repente y se me echó encima como a traición, cuando menos la esperaba. Sí, ya sé que es difícil pero ocurrió. A pesar de la interminable retahíla de anuncios de colonia en la tele y de los catálogos de juguetes que cada dos por tres aparecen en mi buzón. A pesar también de que las grandes superficies ya llevan dos meses vendiendo turrón, engalanadas con toda clase de brillantes ornamentos propios de tan señaladas fechas. Y a pesar, sobre todo, de que la dichosa lotería ya está a la venta desde los calurosos días del verano. ¿Y si cae aquí?, preguntaba un cartel de una céntrica administración cuando volvía tranquilamente de la playa arrastrando las chanclas una tarde de agosto. ¡Pues que caiga, coño!, pensaba yo camino de la ducha y con la mente puesta en una cervecita bien fría.
Me pilló despistado, decía, lo que me obligó a comprar los regalos en plena vorágine navideña. Uno que, siempre previsor, acostumbra a adelantar las compras y nunca había vivido semejante experiencia. Pero este año ahí me tienen en medio del tumulto, frente a un escaparate con falso vaho en los cristales buscando desesperadamente un detalle que me saque del apuro, mientras un Papá Noel de barba carnavalera –ho, ho, ho– se empeña en dar un caramelo a una niña que, aterrada, intenta esconderse entre las piernas de su yaya. Es por la ilusión, trata de justificarse la abuela. Pero… ¿qué ilusión, señora? ¡La niña tiene miedo! ¿Y quién no? ¿No ve que es igual que el hombre del saco vestido de mamarracho?
Entré en la tienda, dejando al falso Santa Claus (si es un tío… ¿porqué le dicen santa?) tocando la campana sin dejar de hohohear. ¡Qué gentío! ¡Qué jolgorio! ¿Tanto me despisté que ya son las rebajas de enero? No amigos, porque el establecimiento en cuestión incita a la compra masiva de regalos navideños haciendo sonar por el hilo musical uno de esos villancicos importados que todo el mundo conoce:
Güigüichu a merri crismas / güigüichu a merri crismas / güigüichu a merri crismaaaas / ana japi niu ller
Después de un buen rato sufriendo empujones derivados de la euforia colectiva encontré lo que buscaba para mi mujer (y si no le gusta no importa señor, porque tenemos cheque-regalo para que lo pueda cambiar por el artículo que quiera). La verdad es que a mí sí me importa el hecho de que mis regalos gusten o no a su destinatario, pero en ésta ocasión no me quedó más remedio que arriesgar. Cogí el artículo en cuestión y me dirigí a la caja. ¡Qué cola! ¡Qué jaleo! ¿Lo regalan o qué?
Señorita Lorena acuda a línea de caja
¡Pues me van a dar aquí las uvas! Habrá que armarse de paciencia. ¿Es usted el último? No, la última es usted que acaba de llegar. Mientras tanto música ambiental con otro tema navideño de allende nuestras fronteras:
Adeste fideeelis / Felipe adoremus / Felipe adoreemus…
¿Felipe? ¿Quién será Felipe? Yo siempre pensé que a quien se adoraba era al Jesusito de toda la vida. La señorita Lorena tiene unos ojazos color violeta como mínimo de la talla tresequisele, y con su llegada parece que la cola avanza un poco más rápido. En los altavoces cambio de tercio para deleitar al personal con la voz de Bin Crosbi y su
Llinguelbel, llinguelbel / llinguel ol de güei…
A este le quería ver yo rascando la botella de Anís del Mono con la cucharilla de café y cantando a voz en grito el
Arre borriquito / arre burro arre / arre borriquito…
¡Qué mala leche tiene usted, con lo mal que pronuncian la erre los extranjeros! Pues también es verdad. No sé, déjeme pensar… otro cualquiera, por ejemplo:
Ay del chiquirritín chiquirriquitín / metidito entre pajas / ay del chiquirritín chiquirriquitín…
La señorita Lorena hizo un lazo, que con destreza sujetó a mi regalo –bueno: al de mi mujer– mediante un pequeño adhesivo en el que reza la inscripción “Deseo que te guste” (lo de “y si no te jodes y vienes con tu vale-regalo a intentar cambiarlo por otro artículo en plenas rebajas de enero” no les debía caber en la pegatina). ¿Tarjeta o efectivo?, preguntó mientras me tenía obnubilado con el tamaño de sus ojos (y, si he de ser sincero, con el de su escote también).
El Papá Noel de pega sigue asustando a los niños, enfundado en su ridículo pijama rojiblanco. Aún me quedan regalos por comprar, así que me voy en busca de otro comercio donde seguro me espera una legión de sonrientes señoritas Lorenas, con su maestría haciendo lazos y paquetitos, sus ojazos y sus escotes. Y donde, no les quepa duda, puedo volver a escuchar –esta vez en versión chilau– güiguichus, Felipes y llinguelbeles.
Antes, en la calle iluminada con luces de colores y abarrotada de gente cargada de bolsas y paquetes, me cruzo con un grupo de chavales que, armados con panderetas de plástico, piden el aguinaldo entonado el
Hacia Belén va una burra rinrrín / yo me remendaba yo me remendé / yo me eché un remiendo…
Echo un par de monedas en el bote y continúo contento mi camino. Y es que cantan que da pena oírlos, pero... ¡qué bien pronuncian las erres los jodíos!

domingo, 11 de diciembre de 2011

A LO TONTO

Así comencé mi colección, como empiezan muchas cosas importantes en esta vida: ¡a lo tonto!. Con estas ocho pipas que mi padre tenía olvidadas en un cajón desde que, ya hacía varios años, había dejado de fumarlas.

Se trata de pipas de corte clásico, todas ellas elaboradas en raiz de brezo. Un buen día las rescaté, utilizándolas en mi casa como elementos decorativos. Pronto la colección comenzó a crecer -también a lo tonto- hasta la actualidad, que ya no tengo sito en casa para exponerlas.






Tres pipas modelo Billar, el diseño más famoso y popular del mundo. Dos son de la firma Bruken y la otra, la del medio, es una Cliper. Clark Gable y Bing Crosby son dos personajes de fama mundial que solían fumar este tipo de pipas.















Otro trío de pipas, en esta ocasión modelo Dublín, con su característica cazoleta en disminución hacia abajo. La primera es una Mión Texas y las otras dos marca Bruken. Durante mi época de fumador éste era el modelo con el que me encontraba más cómodo.













Ideal para largas fumadas, esta pipa modelo Rodesiana curva se caracteriza por el gran tamaño de su cazoleta. Por su capacidad y peso es más propia para la lectura que para el paseo. Es de la marca Cliper.







También de la casa Cliper, esta pipa modelo Principe se caracteriza por su cazoleta esférica y achatada. Recibe este nombre por haber sido diseñada por el Príncipe Alberto.

lunes, 5 de diciembre de 2011

ABUELITA DISNEY


La conocía porque a lo largo de mi vida –corta vida, ya que debía tener trece o catorce años– había visto en numerosas ocasiones como daba de comer a las palomas en la entonces Plaza del Alférez Provisional (hoy Campinos de Begoña, aunque para los gijoneses siempre fue y será la Plaza de los Patos). También la conocían las palomas, ya que cuando la veían aparecer se formaba una nube de aves a su alrededor que sólo desaparecía cuando se agotaban las migas de pan con que las alimentaba.
Era una anciana de pelo blanco y ojos inmensamente claros que se desplazaba siempre lentamente, demostrando con su parsimonia que las prisas del resto del mundo no le afectaban en absoluto. Una de esas personas que, con su sola presencia, parece que transmite serenidad a los demás mortales.
También escribía versos -decían que era poetisa, aunque lo cierto es que nunca llegué a leer ninguna de sus rimas- y viendo la dulzura y cariño con que hablaba a las palomas les juro que parecía una abuelita sacada de una película de la factoría Disney.
Una tarde de fin de semana que me encontraba sólo, vaya usted a saber porqué razón, acudí al pase de las cinco y cuarto del Cine Albéniz. La sesión era numerada así que, tras buscar la localidad que indicaba mi entrada, me instalé en la butaca a esperar tranquilamente el comienzo de la proyección. Imagínense mi sorpresa cuando instantes más tarde el acomodador señaló con su linterna el asiento contiguo al mío, indicando a la encantadora anciana que ocupase esa localidad. No crean que exagero si les digo que me sentía importante sentado junto a aquella señora que emanaba tanda bondad. Yo, alguien insignificante, viendo la misma película que la amiga de las palomas -símbolo inequívoco de la paz- y compartiendo posabrazos con persona de tanta sensibilidad y tan basta cultura.
La anciana comenzó a quitarse la chaqueta y pronto mis sentimientos hacia ella cambiaron por completo. Lo que emanaba de los sobacos de la vieja no era precisamente bondad, sino un tufo a rancio que me dejó noqueado a los pocos segundos. Pronto de sus pies llegaron hasta mi nariz efluvios que eran símbolo inequívoco de que no los había lavado desde hacía mucho tiempo. Me sentí mareado mientras el Generalísimo Franco inauguraba un pantano en el NODO, y cuando la turista un millón de no sé qué año recogía su ramo de flores y comenzaba a bajar por la escalerilla del avión yo me fui al servicio a respirar.
No es que el water del Albéniz oliera a rosas precisamente, pero pónganse en mi lugar: ¡cualquier cosa era mejor que aquello!. Creo que si llego a permanecer en mi butaca por más tiempo habría muerto por asfixia antes de que finalizase la proyección.
Cuando sonó el timbre anunciando el comienzo de la película aún esperé unos instantes para regresar a la sala. Amparándome en la oscuridad me senté en el primer asiento que encontré libre -alejado de la vieja, claro- a tiempo para leer en la pantalla Directed by . . ., eso que siempre figura en los films de Hollywood al finalizar los créditos, justo antes del comienzo de la trama.
No tengo pruebas al respecto pero estoy seguro de que, cuando aquella tarde acabó la película, se tuvieron que pulverizar en el Albéniz varios botes de ambientador para eliminar el tufillo que la vieja había repartido generosamente por la sala.
Aunque parezca incríble, algunos años después se llegaron a estrenar películas con olor. Con la entrada entregaban unos pequeños cartones aromatizados que el público debía oler en determinadas escenas. El sistema fue un fracaso, ya que los aromas se mezclaban de tal manera que el ambiente en la sala se volvía irrespirable.
Aún así jamás veo una película Disney si antes no me permiten olfatear a la abuelita. ¡No vaya a ser que se convierta en la vieja bruja del cuento!

viernes, 2 de diciembre de 2011

PUES . . . ¡OTRO ÁRBOL!

Acuarela sobre papel Art&Desing 220 gr (35x16 cm)

Es esta ocasión un arbolillo al borde del Cantábrico, que estoicamente soporta el ya frío aire del nordeste y las borrascas atlánticas que llegan de Galicia.

Eso sí: como recompensa siempre le quedan esas vistas espectaculares en primera línea de acantilado.