lunes, 27 de febrero de 2012

ADICCIONES


Hace tiempo tuve un problema: fui adicto a las farolas. Durante años dibujé cientos. Claro que también dibujaba otras cosas, pero en cuanto pasaba unos días sin tener algún farol (o farola) como modelo me entraba el síndrome de abstinencia y volvía a las andadas.
Buscando una solución acudí a Faroleros Anónimos (“me llamo Oñera y pinto farolas”, ya sabéis como va eso), donde tras innumerables sesiones y una dura terapia de choque consistente en dibujar cualquier cosa que no fuese un farol consiguieron estabilizar mi adicción.
A día de hoy estoy prácticamente rehabilitado. Aunque soy débil y, en ocasiones, no opongo resistencia alguna a la tentación de una farola alumbrando frente a mí, provocando más de una recaída que impide que la herida cicatrice definitivamente.
Y no es eso lo peor. Más preocupante es que ahora también siento la necesidad de pintar acuarelas, así como de relatar por escrito mis ocurrencias (las que me ocurren y las que se me ocurren, que no suelen coincidir). Y para colmo no quedo tranquilo si no muestro el resultado en este blog. Creo que estoy enganchado. ¿Alguien sabe si esto tiene cura?

jueves, 23 de febrero de 2012

EL EMBRUJO DE LA LUZ DE LAS FAROLAS




















-¿Qué pintas, chaval?- se interesó el abuelo cuando me vio garabateando frente al portal de su casa.
Le mostré los cuatro trazos de aquella figura aún inacabada y continué dibujando, demostrando aparente indiferencia hacia el anciano.
-¿Es aquel de allí, eh?- preguntó alzando tembloroso su bastón para señalar el farol que me servía como modelo.
-Pues sí señor, ese es. ¿Se parece?
-Sí … se parece bastante. Humm … estaba pensando yo que si traigo una foto de mi nieta, me la podías pintar en un momento.
-¡Uff … qué va! Yo lo único que sé dibujar son cosas así- repliqué enseñándole de nuevo mi obra, esta vez prácticamente concluida.
-Pues si lo que te gusta es pintar farolas … mejor dejabas de perder el tiempo a lo tonto, cogías una brocha y les dabas una mano de pintura, ¡que buena falta les hace!

Siempre me fascinó ese instante mágico en que la noche gana su batalla diaria contra los últimos rayos de luz del ocaso. Ese momento en el que la penumbra comienza a abrirse paso por calles y avenidas, obligando a que las luces de la urbe abandonen su diurno letargo y cobren vida perezosamente.
Me gustan, digo, esos primeros minutos de la noche -quizá sean los últimos de la tarde, no sé-, durante los cuales se van encendiendo las farolas del casco viejo de cualquier ciudad, creando esa atmósfera misteriosa en la que todos los gatos comienzan a ser pardos; esa hora imprecisa en la que el paseante solitario siempre parece sospechoso -no se sabe bien de qué- y en la que amores de contrabando florecen en ese espacio oscuro y misterioso que a menudo existe entre farol y farol.
Me agrada, en suma, la mortecina luz de esa farola que al anochecer va disfrazando las fachadas de sombras y claroscuros hasta que adquieren infinidad de tonos grisáceos, como si del decorado de un film negro de Preminger, Raoul Walsh o Fritz Lang se tratara (los buenos cineastas, como los viejos rockeros, nunca mueren).
Más tarde, ya al alba, la luz de las farolas se va apagando y creo que es entonces cuando se rompe el hechizo, cuando desaparece ese embrujo que modestamente intento perpetuar en estos dibujos. Si lo consigo y a ustedes les gusta mi trabajo entonces, ay, afilaré mis lápices y continuaré dibujando. De lo contrario ya saben: ¡siempre me quedará lo de la brocha y la mano de pintura!


Texto de presentación y dibujos de mi primera exposición, hace ya algunos años.

lunes, 20 de febrero de 2012

VIEJAS CARPETAS



Pues sí, sacudo el polvo de viejas carpetas para encontrarme con estas acuarelas de pequeño formato que no había mostrado en el blog.

Están realizadas durante el año 2010 y ahora, cuando las miro, dudo si habré evolucionado lo que debería durante ese tiempo transcurrido.

En fín, seguiré pintando y, de vez en cuando, abriré viejas carpetas para encararme con antiguos trabajos en los que poder volver a comparar.

viernes, 17 de febrero de 2012

SUSI


Se llamaba Susi y era la chica más guapa que había visto en mi vida. Por desgracia también era la más guapa que había visto Diptongo, lo cual no dejaba de ser un problema. Si sus gustos hubiesen coincidido con los de Pérez –le gustaban rubias y más rellenitas al jodido– nos habríamos evitado muchos disgustos. Pero no, ¡tenía que gustarle Susi precisamente!
–Pero tío, si como ella hay montones de chicas.
–Vale, ¡pues todas pa ti!
–Sin ir más lejos . . . ¡su amiga también está muy buena!
–Vale, ¡toda pa ti!
–Pero si Susi tampoco es pa tanto, tío.
–Pues si no te gusta déjala pa mí.
–¡Y una mierda te voy a dejar el camino libre!
–¿No dices que como ella hay muchas . . .
–¡Te las regalo todas!
– . . . y que la amiga también es muy guapa?
–¡Te la regalo también!
–Entonces . . . ¿está buena o no está buena?
-Joer . . . ¡si parece una azafata del Un, dos, tres!
–Sí, o una bailarina del balé de Don Lurio (1)
Era evidente que jamás íbamos a llegar a un acuerdo respecto a aquella chica, así que cuando una tarde de domingo la vimos en la cola del cine acompañada de su amiga –no consigo recordar cómo se llamaba aquella pelirroja con la cara repleta de pecas– nos abalanzamos sobre ella como dos felinos salvajes sobre su presa.
–Hola, ¿vais a ver la peli? (¡Mierda! Van a pensar que soy imbécil. Si están en la cola del cine no van a ir a la peluquería, zoquete).
–Síi.
–¿Y creéis que estará bien o será un rollo?
–Bueeno, es que a nosotras nos gusta mucho Pol Niuman (2)
Me fijé en las carteleras y comparé las fotos del actor con la jeta de Diptongo y, si quieren que les sea sincero, no eran como dos gotas de agua precisamente, así que di por sentado que mi amigo lo tenía más bien crudo en lo que a ligar con Susi se refiere. Animado por esta apreciación me arriesgué a sugerir que podíamos sentarnos los cuatro juntos, a lo que las chicas accedieron sin ostentosas demostraciones de júbilo, la verdad sea dicha.

Antes de acceder a la sala Susi y la pelirroja fueron al servicio –en un montón de buenas películas insinúan que las mujeres aprovechan esos instantes para empolvarse la nariz, pero no creo que tal maledicencia fuese precisamente acertada en este caso– mientras nosotros, enzarzados en la discusión de siempre, esperamos impacientes en el hall (3)
–Junto a Susi me siento yo.
–Sí pol pijo, tío. Pero . . . ¿no ves que está colada por mí?
–Y una mierda. ¡Pero si ni siquiera te miró, chaval!
–¡Sí hombre! Y se va a fijar en ti, con esa cara de payaso que tienes.
–¡Calla, calla, que ahí vienen!
Ya se imaginarán que nos sentamos como ellas quisieron: la del pelo cobrizo, Diptongo, Susi y yo, por ese orden. Chico-chica, chico-chica, creo que fueron sus palabras cuando nos lo propusieron. Y nosotros aceptamos claro, sin saber que esa sería la pauta que marcaría el resto de nuestras vidas. Sí señores, ¿para qué nos vamos a engañar? Podrán ustedes hacerse los duros, protestar e incluso patalear, pero siempre terminarán sentándose dónde, cómo y cuando ellas digan.

Tras comenzar la película, justo cuando apareció Niuman por primera vez en pantalla, Susi permitió que capturase su mano sin oponer mucha resistencia (¡chúpate esa Diptongo!). Luego, cuando el actor tiraba troncos a un río acompañado por Jenri Fonda, utilicé la técnica del estiramiento para pasar mi brazo sobre su hombro (¡y ahora rechúpatela!). Dos o tres escenas más tarde la besé. No me pregunten qué estaba ocurriendo en la pantalla en ese instante porque no tengo ni idea. Sólo sé que mil hormigas comenzaron a corretear por mi estómago mientras percibía la misma sensación que en el vaivén de las fiestas del barrio.

Sí, sus labios parecían de papel y todo eso. Pero si me lo permiten les aclararé que me decepcionó el sabor. No es que uno, nuevo en éstas lides, pretendiera convertir algo tan bonito en una degustación, ni que el ósculo no me resultara agradable y suculento. Lo que ocurre es que siempre había pensado que tendría sabor a Profidén, qué quieren que les diga. Muy al contrario, aquel primer beso tenía gusto a regaliz. Aunque, para mi sorpresa, aquella chiquilla poseía la rara habilidad de cambiar los sabores, porque durante los siguientes domingos me deleitó con besos de menta, toffe, eucalipto . . . ¡y hasta me traspasó aquel regusto que siempre dejan los caramelos de anís!

Besos de cine, intentando emular aquellos que siempre daban los protas de las pelis a sus chicas justo antes del The End. ¡No hay mejor final! Ni el Francamente querida, me importa un bledo después de más de tres horas de película se puede igualar a un buen beso. Tampoco el Bueno, nadie es perfecto quitándose la peluca en una lancha. Ni siquiera –y conste que hablamos de grandes finales– el Louis, presiento que éste es el comienzo de una hermosa amistad antes de ese fundido final entre la niebla

Ojalá, cuando el guión de nuestras vidas esté llegando al final, los que mueven los hilos ahí arriba nos tengan reservada una escena con beso de tornillo. Si no es mucho pedir, el mío que sea con sabor a golosina (4)
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(1) - Cuerpo de baile televisivo heredado a posteriori por Llorllo Aresu.
(2) - La peli en cuestión era Casta invencible, estrenada un par de años antes en las salas del centro de la ciudad y que ahora reponían en el cine del barrio.
(3) - Ya sé que podía haber escrito jol, pero en este caso me tentó el anglicismo, ya ven.
(4) – Mientras tanto ya saben: ¡a seguir ensayando!

martes, 14 de febrero de 2012

ENTRE PAPELES


Seguro que no desvelo nada nuevo si confieso que, como buen aficionado al dibujo y la pintura, vivo entre papeles. Bueno pues hoy, ordenando un poco esas cuartillas y láminas, me topé con este par de dibujos que os muestro.

Están realizados hace tres años, y como véis su temática -árbol y marina- coincide con la de mis trabajos actuales.

sábado, 11 de febrero de 2012

OTRA LANCHA EN LA RÍA

Acuarela sobre papel Art&Desing 220 gr (16x35 cm)

Insisto con el formato horizontal para regresar a esa reserva natural que es la Ría de Villaviciosa, con mil y un parajes que uno nunca cansa de observar (ni de pintar, claro)

miércoles, 8 de febrero de 2012

LANCHAS AMARRADAS

Acuarela sobre papel Art&Desing 220 gr (16x35 cm)

Vuelvo al formato horizontal para representar de nuevo la Ría de Villaviciosa, esta vez con ese par de lanchas amarradas en este entorno privilegiado.

domingo, 5 de febrero de 2012

PRIMERAS ADQUISICIONES

Hace años, cuando comenzaron a regalarme pipas y vi que aquello iba camino de convertirse en una pequeña colección, me prometí a mí mismo que me abstendría de comprar cachimba alguna, en un noble intento por defender la economía familiar.

Claro que, dadas las maravillas con que pronto me fui encontrando, no tardé mucho en incumplir la promesa, cediendo ante las tentaciones que en forma de pipa el destino quiso poner ante mí.



La primera que compré fue esta pipa de brezo modelo Párroco. Fue en la isla de Tenerife, a mediados de los años ochenta.

Este tipo de pipa, con su característica larga boquilla, era el preferido de la actriz Greta Garbo, aunque últimamente son más populares gracias a Gandalf, Aragorn y demás personajes de El Señor de los Anillos.





No mucho tiempo después, en la lisboeta Plaça do Comercio, un artesano vendía pipas de arcilla, piezas únicas moldeadas y pintadas a mano. Le compré ésta que véis, aunque podía haber adquirido alguna más ya que las ofrecía a buen precio (hay días que uno no está pa ná)