jueves, 31 de mayo de 2012

LOCO POR LA ESCRITURA


TALLER DE NARRATIVA
Ejercicio - Sustituir los versos de una poesía conocida, respetando la rima el ritmo originales.


Así que se trata de coger una poesía y sustituir palabras de sus versos por otras que rítmicamente suenen parecido. Pues no sé, la verdad. A ver que tal con esta de Lope:

Un soneto me manda hacer Violante
que en mi vida me he visto en tal aprieto

¡Pues anda que yo! ¡Con esta chorrada que nos manda hacer Graciela! No sé por donde empezar. Uff… ¡y encima comienza la cantinela de siempre! ¡La banda sonora de este pequeño rincón donde suelo sentarme a escribir!

Y no hablo del ruido del tráfico, ni del timbre del telefonillo (correo comercial, ¿me abre por favor?), ni tampoco de las llamadas telefónicas indeseadas (no señora, ¡aquí no vive su amiga Ludivina!). Me refiero a la vecina de arriba, esa que canta a la par que realiza sus labores domésticas. ¡Qué voz! Si se inventara un concurso en la tele para cantantes malos, tipo Operación Fracaso por ejemplo, no creo que a esta señora le permitieran presentarse al casting siquiera.

En fin, a ver si me centro. ¡Que me voy por los cerros de Úbeda! Probaré con esa que Quevedo dedicó a Góngora. ¿Cómo era? Ah, sí…

Érase un hombre a una nariz pegado
érase un elefante boca arriba

Sí, arriba. ¡La del segundo! ¡Qué memoria tiene la tía! Se sabe el repertorio completo de la historia de la copla, desde que se inventó hasta nuestros días. Sin ir más lejos, comencé este escrito con María de la O, esa que tan desgraciaita es teniéndolo tó, y ahora me estoy enterando de la historia de La Zarzamora, esa otra que a toas horas llora que llora po los rincones.

Bueno, pero yo a lo mío. Unos versos, que sean conocidos… ¡Coño Zorrilla! ¿Quién no conoce El Tenorio?

¡Ah! ¿No es cierto ángel de amor,
que en esta apartada orilla
más pura la luna brilla
y respira mejor?

Pues en esa margen del río no sé, pero aquí me está ahogando esta maldita opresión que tengo en el pecho. Y es que fíjate lo que sufre esa pobre mujer, que lo quiere má que a su ojo, lo quiere má que a su vía, má que al aire que repira y má que a la mare mía. ¡Si hasta se le paran los pulsos si le falta alguna vez!

Durante el resto de la jornada continuó mi vecina mortificándome con todo tipo de crónicas truculentas sobre desgracias y desamores. Así que no es raro que, viviendo esa situación casi a diario, esta angustia me lleve a caer en un grave cuadro depresivo.

Si es que no hay mente que pueda soportar tanta desdicha. Estoy pensando ponerme en manos de especialistas que me puedan ayudar. Hasta me imagino recostado en el diván del psiquiatra:

-Y vos, ¿porqué decís que sos un loco?
-Porque en el curso de relatos escribo cosas muy raras, mire:

Volverán las azules Pitufinas
a Papá Pitufo la barba rasurar
y entonces, con los gorros iguales,
los Pitufos se confundirán.

-¿Eso hacés? ¡Exigí que te devuelvan la plata, pibe!
-Es que no estoy seguro de querer dejarlo.
-Vos no sos un demente, che. ¡Sos un boludo!


Texto basado en el relato LOCO POR LA ACUARELA
publicado en este blog allá por enero de 2011

lunes, 28 de mayo de 2012

SOBRE UNA MONEDA



Estas dos pequeñas pipas tienen en común el hecho de que su base es una moneda y que ambas son regalos de amigos viajeros.
La primera vino hace muchos años de Perú, y está realizada con madera, arcilla y resina. La segunda, fabricada con acero, barro y madera, me la trajeron no hace mucho de Argentina.



jueves, 24 de mayo de 2012

SINTIENDO SU AUSENCIA


TALLER DE NARRATIVA
Ejercicio - En esta ocasión la profesora toma un relato del escritor colombiano GUSTAVO ARANGO titulado SU ÚLTIMA PALABRA FUE SILENCIO, y propone crear una nueva historia a partir de su primera frase : "Si no estoy muerta, si no es que alguien me sueña o me imagina, me balanceo y hace frío"


Si no estoy muerto, si no es que alguien me sueña o me imagina, me balanceo y hace frío. Aquí, en el balcón. Sintiendo su ausencia. Esperándola. Llorando.

Desde que se fue paso las noches sin perder de vista la calle, con la esperanza de verla aparecer por la esquina del bulevar. Anhelo volver a verla mirar hacia los lados y cruzar como siempre a la carrera, sin aguardar a que se ilumine el muñequito verde del semáforo.

Todas las noches idénticas. La calle desierta, apenas iluminada por la mortecina luz de las farolas, en un silencio rasgado por los graznidos de las gaviotas en el puerto. A veces se asemeja al llanto de un niño. Repetitivo. Constante. Quizá la espera fuese más llevadera en un mundo sin gaviotas. O tal vez no. No sé.

A las tres menos cuarto, siempre a las tres menos cuarto, el camión de la basura. El peor momento de la noche, con el motor al ralentí y las voces de los basureros rompiendo la monotonía de la espera. Y ese pitido, rítmico e irritante, cuando retrocede hasta perderse de nuevo por la esquina. No me gustaría que ella volviese en ese instante. No, a las tres menos cuarto no.

Luego de nuevo la soledad. Sirenas de ambulancia que se pierden en la distancia. Esa farola, de luz temblorosa e intermitente, que hace que las sombras cobren vida sobre las fachadas. Algún ladrido callejero que se ahoga en la penumbra. Dos borrachos que discuten, ni ellos saben muy bien de qué. Y de pronto, con el alba, la ciudad que vuelve a cobrar vida. Los primeros obreros camino de la fábrica. El estruendo de esa máquina que con celeridad limpia las calles. La persiana de la panadería que chirría al elevarla.

Tal vez regrese hoy. Sí, seguro que prefiere venir con la luz de la mañana. Así todo es más fácil. Me explicará los motivos de su marcha. Aclarará mis dudas y todo volverá a ser como antes.

Este es nuestro contestador. Si quieres decirnos algo habla después del pitido, pero cuidado que te estamos grabando: ¿Qué pasa tío? ¿Qué es de tu vida? No coges el teléfono ni devuelves los mensajes. Estoy preocupado. No te dejas ver desde… bueno, desde que ella se fue. Ya sabes que me tienes aquí para lo que sea. Ánimo.

¡Otra llamada! ¡Es que no se va a cansar nunca! ¿Por qué sabrá que se fue? No se lo dije a nadie. ¡Está con él! Joder… ¡seguro que está con él! ¡Me dejó por ese capullo, la muy puta! No, no puede ser. A ella nunca le cayó bien. Además, cuando la conocimos me eligió a mí. Sabía que los dos estábamos colgados por ella y me eligió a mí. Fue el día que le regalé aquella tarjeta con un dibujo de El Principito. Le encanta El Principito. Lo leí de un tirón y rotulé en la tarjeta aquella frase. ¿Cómo era? Hace tanto tiempo que ya ni me acuerdo ¡Ah, sí! “Si vienes a las cuatro, comenzaré a ser feliz a las tres”.

¡Que aspecto tengo! Estoy hecho polvo, con esta barba grisácea tan desarreglada. ¡Y esas ojeras! Me veo más delgado. Debería afeitarme. No quiero que cuando llegue me vea así.

Ya casi no queda qué comer. La nevera vacía y en el armario apenas un par de latas. Pero no puedo salir a comprar y arriesgarme a que ella vuelva mientras tanto. Seguro que de hoy no pasa. Aunque no sea para quedarse, tiene que regresar a por sus cosas. No se llevó ropa, ni documentación. Eso es que tiene pensado volver. Se dará cuenta que me quiere y volverá para quedarse.

Voy a colocar sus fotos sobre la cómoda. No debería haberlas retirado. ¡Mejor así! ¡Que cuando entre no encuentre nada cambiado!

Este es nuestro contestador. Si quieres decirnos algo habla después del pitido, pero cuidado que te estamos grabando: Hola hijo. ¿Cómo estás? Te llamo porque es el cumpleaños de Dani. ¡Dos años ya, fíjate! Vamos a comer todos juntos para celebrarlo y nos gustaría que vinieses. Aunque ella no esté, sabes que para nosotros eres de la familia. ¡Llámame!

¿Su madre también lo sabe? Seguro que la llamó para decirle donde está. No, ella no haría algo así. Primero hablaría conmigo, antes de dar explicaciones a los demás. Debería desconectar el teléfono para evitar más llamadas inoportunas. Pero no. No puedo. Tal vez llame para decirme que regresa. O para asegurarse que estoy en casa, porque también se dejó la llave.

Me gusta oír su voz en el contestador. Aunque sea con ese tono metálico de la grabación. Recuerdo el día que lo registró. Estuvo toda la tarde pensando qué decir. No quería un mensaje como el de los demás. Le gusta ser original, diferente.

A pesar de que no dejo de regarla, a la planta del salón cada vez le faltan más hojas. Incluso una vez añadí al agua una aspirina machacada, como hace ella de vez en cuando. ¿También tú la echas de menos, eh? ¡A ver si te recuperas! ¡No quiero que cuando regrese piense que no te he cuidado!

Seguro que tengo la culpa de todo. Algo habré hecho que provocó su marcha. O quizá dije algo que la ofendió. No sé. Cuando vuelva le pediré perdón. Sí, conseguiré que me perdone aunque que se lo tenga que pedir de rodillas.

Anochece. Quizá sea mejor así. Puede que prefiera venir de noche. Sin miradas indiscretas. Evitando la posibilidad de encontrarse con algún vecino. Tengo que estar preparado. Definitivamente la noche es mejor para el reencuentro.

Este es nuestro contestador. Si quieres decirnos algo habla después del pitido, pero cuidado que te estamos grabando: Hola. ¿Estás ahí? Me gustaría volver…

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Desde que se fue de nuevo apenas lloro esperándola aquí en el balcón. Sintiendo su ausencia. Hace frío y me balanceo, si no es que alguien me imagina o me sueña, si no estoy muerto.

lunes, 21 de mayo de 2012

CANTABRIA - CUADERNO DE VIAJE

EL CAPRICHO DE GAUDÍ - COMILLAS
Estilógrafo y acuarela


CAPILLA-PANTEÓN DEL PALACIO DE SOBRELLANO - COMILLAS
Estilógrafo y lápiz acuarelable


COLEGIATA DE SANTA JULIANA - SANTILLANA DEL MAR
Rotulador y acuarela

jueves, 17 de mayo de 2012

LIPOGRAMA


TALLER DE NARRATIVA
Ejercicio - Escribir un texto sin utilizar una de las siguiente vocales: A, E, O.


Si te niego y no te incluyo en este escrito fútil, no es por olvido ni odio, es porque lo perseguí. Si lo consigo no sé, lo veremos si concluyo y tu nombre no recuerdo primero de poner fin. Es complejo, reconozco, el cometido impuesto, pero mi deseo es cumplir sin morir en el intento.

Prescindir de ti no puedo porque método no encuentro. Si me esfuerzo en eludirte, tú prefieres exhibirte. Vives en mi subconsciente si censuro el escribirte. Si te relego en mi escrito  –que sí, ¡lo juro!, lo intento–  siempre vuelves persistente. Con desdén quiero omitirte, pero insistes en el reto. Si te odio, tú me quieres. Si te hundo en el olvido, tú resurges emergente. Te conviertes en incordio si de ti me desentiendo.

En el momento que huyo me persigues insistente. Qué difícil eludirte, por no decir imposible. Si yo mismo me sonrojo en el inútil empeño de excluirte de mi texto, pretensión que no consigo (y me esfuerzo, no es pretexto)

Con repetidos intentos sin conseguir mi deseo, lo dejo por imposible. ¿Qué interés puedo tener en no verte en este impreso? Venciste sí, lo confieso. Me rindo sin condiciones. No sé cómo proseguir sin que de bruces te encuentre sin conseguir  concluir, no con un punto y seguido, sino con el punto en el fin.

Espero que no se burlen de este ingenuo quijote, su ferviente servidor, que quiso componer un texto sin extender el meñique, sin que el dedo corto y zurdo pulse el botón que te escribe si no es en el momento justo en que el suplicio termina.

lunes, 14 de mayo de 2012

DE ESTRENO

En esta ocasión quiero mostraros la funda para pinceles que ayer me regaló mi amigo José Antonio (artesano del cuero, la piel y lo que se le ponga por delante)
Está realizada en piel, en un tamaño ideal para ser transportada con facilidad. Para ello hubo que recortar el mango de los pinceles.

Así queda el estuche una vez abierto. Cómodo de manejar, ¿no?

Sólo queda estrenarlo pintando en estos cuadernos que compré ultimamente. Espero mostrar pronto el resultado.

jueves, 10 de mayo de 2012

POPEYE




Ayer pasé por la Calle de la Muralla. Hacía tiempo que no iba por allí y, la verdad, la encontré desconocida. Varios locales cerrados y algunos que se sustituyeron por otros nuevos. No es que se trate de un eje comercial, pero sí que es una calle céntrica. La puta crisis, supongo.

Una de las tiendas que pasaron a mejor vida es un anticuario  –más bien un chamarilero, diría yo–  que llevaba allí muchos años. Recuerdo una tarde de invierno en que descubrí allí esta pipa que tiene por cazoleta la cabeza de Popeye (en realidad no creo que se trate del famoso marino de los dibujos animados, pero se le parece bastante)

En un primer vistazo dude si sería una pipa. Una vez examinada en propia mano llegué a la conclusión de que sí, a pesar de que tiene el hornillo en la parte inferior (es decir: para fumar habría que poner a Popeye boca abajo) Tras un corto tira y afloja no llegamos al pertinente acuerdo económico, por lo que la pipa volvió a su sitio entre innumerables trastos viejos.

Un par de días después volví arrepentido. La pipa me había parecido original  –nunca había visto ninguna parecida–  y el precio no era tan alto. Mi gozo en un pozo: la habían vendido esa misma mañana.

¡Rabia y desilusión! Se me adelantó otro comprador. Tuve en mis manos la ocasión de sumar una buena pieza a la colección y había desaprovechado la ocasión.

Mes y medio más tarde, el día de mi cumpleaños, mi mujer me regaló un pequeño paquete de sospechoso envoltorio. Cuando lo abrí descubrí quién se me había adelantado.

lunes, 7 de mayo de 2012

OTRAS PEQUEÑAS HISTORIAS


TALLER DE NARRATIVA
A lo largo del curso escribimos varios microrelatos. Estos son algunos de los míos.


1

Me eché a un lado para dejarla pasar. Ella también se apartó hacia el mismo lado, quedando de nuevo uno frente a otro.
Volvimos a apartarnos al unísono en el sentido contrario, cortándonos el paso nuevamente. Sonreímos.
Haciendo un quiebro me aparté de nuevo, permitiendo que continuara su camino. ¡Y nunca más volvimos a bailar!



2

Solo. Desde que le amputaron la pierna izquierda estoy solo. Sí, es cierto que ya comenzó a desplazarse y hace vida casi normal, pero yo permanezco sumido en esta larga, eterna soledad.
Ah, perdón… no me he presentado: soy el pie derecho.



3

Por todo el chaco solían chacualear los chacareros sobre su estatura. Es cierto que es un chacalín chico como un chagüi y con el rostro chachacuate, pero no es justo que tenga que esconderse como un chafalote chorizo para evitar ser objeto de chacota. El chaval nunca chacó nada.
Su padre, hombre chachalaca y chacotero que tenía la chamba de trabajar de chafirete, caminaba como un chajá al ritmo de una chacona por causa de su cojera. Solía acompañar al chacho en sus juegos con chafarotes de madera ante chácenas hechas con cachos de chapa. Lo chocante es que también él se lo pasaba chachi.



4

Miro. Y si me preguntan sobre lo que acabo de ver tengo que volver a mirar.
Entonces… ¿para qué miré el reloj la primera vez?



5

Había llegado a ser el rey del barrio y ahora se arrastra sin rumbo por sus calles, sin importarle que esos mierdas se estén adueñando de su territorio. No es que le preocupe estar fichado por la pasma, ni ser la comidilla de quienes antes no se habrían atrevido ni a mirarle de frente. Es que, desde que aquella niñata lo denunció por robarle la cartera, no había vuelto a ser el mismo.
Pero aquello no iba a quedar así. Facultad de Derecho había visto en su carné de estudiante. La acechó una temporada, vigilando sus movimientos. Hasta que un día apareció de la nada para decirle: ¡te quiero!

jueves, 3 de mayo de 2012

SHERLOCK



Fue a finales del siglo XIX cuando William Gillette subía a los escenarios londinenses para interpretar al conocido personaje de las novelas de Arthur Conan Doyle. El actor hizo dos aportaciones que quedarían asociadas para siempre con la imagen del detective: la frase "elemental, querido Watson" y su inseparable pipa modelo CALABASH. Ninguna de las dos  -ni la frase, ni la pipa-  figuran en ninguna de las novelas protagonizadas por Sherlok Holmes.

En realidad Conan Doyle menciona en sus obras algunas cachimbas fumadas por el personaje (es el caso de una pipa de arcilla en El perro de los Baskerville y otra de brezo en El signo de los cuatro), pero nunca una modelo CALABASH como la que solemos ver en las adaptaciones de cine y televisión.



Para conseguir una auténtica CALABASH  -creo que ya no se fabrican en la actualidad-  se hacía crecer una planta de calabaza dentro de un molde con la forma y tamaño deseados, acoplando después la boquilla y cubriendo el interior de la cazoleta con un hornillo de espuma de mar, que sobresale por el borde de la misma.
Esta que véis es una imitación, realizada en madera y cerámica.







Por costumbre se suele denominar CALABASH a cualquier pipa que adquiera la forma de la original, aunque no esté fabricada a partir de una calabaza.
Este es un ejemplar realizado en madera, que emula a las apreciadas CALABASH de raiz de brezo.